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Objetos seleccionados

Un millón y medio de niños fueron asesinados en el Holocausto. Aquellos que sobrevivieron contra todas las probabilidades, ya sea por astucia o por pura suerte, perdieron su niñez y debieron madurar rápidamente. Aun cuando sus familias conseguían evadir a los nazis, moviéndose constantemente, los niños se ve­­­ían lanzados a un ambiente de continuos cambios, lleno de peligros.

Los objetos aquí presentados relatan las historias de niños cuyas experiencias fueron tan variadas como sus destinos, diferentes en cuanto a lugares y circunstancias.

La fase que precedió a la deportación de los judíos a campos de concentración y de exterminio se caracterizó por el aislamiento social, económico y físico. Los judíos fueron encerrados en guetos en los cuales imperaban las enfermedades, y el hambre extremo y el frío eran causa de constantes sufrimientos. A pesar de la batalla existencial diaria se mantuvo en los guetos una vibrante vida cultural. Se observaban las festividades y se celebraban actividades sociales y comunitarias. Los objetos que quedaron del periodo del gueto testimonian este increíble triunfo del espíritu sobre la dura realidad de la vida.

Pocos de los deportados a los campos sobrevivieron. Los pocos objetos de esa época que se encuentran en nuestra colección nos permiten echar una ojeada a la vida en esos terribles establecimientos.

Los nazis establecieron una red de campos amplia e intrincada, que incluía muchos campos con objetivos diferentes operando bajo condiciones variadas, desde campos de tránsito y trabajo forzado hasta campos de exterminio. Muchos de éstos –Auschwitz-Birkenau sería el ejemplo más notable– eran vastos complejos que comprendían no sólo la maquinaria de asesinato en masa, sino también cientos de campos subsidiarios en los cuales miles y miles de prisioneros, judíos y otros, eran empleados como mano de obra esclava que servía al esfuerzo de guerra alemán.

Para aquellos atrapados en la red nazi la resistencia era casi imposible. Por lo tanto el medirse con la dura realidad tomaba la forma de resistencia espiritual. Muchos objetos reflejan el deseo de sus poseedores de conservar una apariencia humana frente al intento nazi de romper su espíritu. Sin embargo, y a pesar del peligro, hubo quienes consiguieron unirse a los partisanos y a otras organizaciones de resistencia armada. Judíos del mundo libre se alistaron en los ejércitos aliados que luchaban contra la Alemania nazi, con un sentimiento de destino compartido con sus hermanos.

El rescate asumió muchas formas durante la guerra. Todas requerían una combinación de iniciativa y audacia de parte de la persona que intentaba escapar, buena voluntad de individuos de todos los estratos sociales, y una buena dosis de lo que algunos llaman suerte y otros denominan como la Divina Providencia.

Los objetos donados a Yad Vashem, junto con sus historias personales, juegan un papel importante en la conmemoración de las experiencias de los judíos en el Holocausto y en la preservación de la memoria del Holocausto para las generaciones futuras.