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España durante los años de la “Solución Final”

En el verano de 1942, con el comienzo de las deportaciones de los judíos de Francia, Holanda y Bélgica y el aumento de los temores por las vidas de los judíos de la zona no ocupada de Francia, creció el número de estos que cruzaron la frontera española con la esperanza de salvarse. La mayoría fueron apresados por los guardias fronterizos y detenidos en cárceles regionales. En el otoño las autoridades comenzaron a contemplar su expulsión al llegar a la conclusión que se trataban en su mayoría de refugiados judíos. El éxito de la “Operación Antorcha” y la subsiguiente entrada de tropas alemanas a la Francia de Vichy causaron una masiva emigración de jóvenes franceses en dirección a Argelia, a través de la frontera con España. De este modo el problema de los refugiados judíos coincidió con un asunto primordial para los Aliados: evitar la expulsión a Francia de los emigrados. España cedió a las presiones de aceptar a los refugiados, con la condición de que alguien se encargarse de su manutención y de su pronta evacuación. Los refugiados judíos fueron atendidos por el “Joint”, que por ser una institución judía tenía prohibido funcionar en España. Por lo que debía funcionar por medio de la representación de organizaciones de asistencia norteamericanas, bajo los auspicios de la embajada de los EEUU en Madrid. En Barcelona actuaba por medio de los hermanos Samuel y Joel Sequerra de Lisboa, que aparecían como representantes de la Cruz Roja portuguesa. Se estima que entre el verano de 1942 y el de 1944 entraron a España y se salvaron alrededor de 7.500 judíos provenientes de distintos países.

Judíos ciudadanos españoles en los países ocupados

En los países ocupados por Alemania se encontraban alrededor de 4.000 judíos de nacionalidad española  y esta tenía que evitar perseguirlos en la medida que España reconocía su estatus. La mayoría eran descendientes de los expulsados en 1492. En 1942 vivían unos 3.000 en Francia y la mayoría del resto en Grecia. Al comenzar las persecuciones y las expropiaciones de bienes el ministerio de asuntos exteriores instruyó a sus representantes prestarles ayuda y proteger su patrimonio, como si fuera español, pero sin eximirlos de las leyes generales. Esas instrucciones limitadas hicieron que los ciudadanos españoles tuvieran que depender de la iniciativa y la actitud de los diplomáticos. En enero de 1943 los alemanes exigieron a España que evacuara en el plazo de dos meses a sus ciudadanos judíos o que los dejase librados a su suerte. Desde ese momento España comenzó a aplicar criterios mucho más severos respecto a los derechos de sus ciudadanos para ser aceptados en el territorio del país e impuso la condición de que tendrían que abandonarlo a otros destinos una vez que les permitiese ingresar a su territorio. También se adoptó el criterio de que no se recibiría un grupo de refugiados hasta que otro llegado con anterioridad no abandonara el país. Esas reglas hicieron disminuir el número de sobrevivientes llegados a España a sólo cerca de 800 almas.

La participación de España en la salvación de judíos en Budapest

En la segunda mitad de 1944 y ante las derrotas alemanas en todos los frentes y la preocupación española por su futuro después de la victoria aliada, el encargado de negocios en Budapest, Ángel Sanz Briz, recibió autorización para participar en la iniciativa del representante del Vaticano destinada a salvar al mayor número posible de judíos que todavía permanecían en Budapest, después de la deportación del resto de los judíos de Hungría. Alrededor de 2.250 judíos se salvaron gracias a diversos documentos españoles emitidos y por medio de su concentración en casas puestas bajo la protección del gobierno español. Después de que Sanz Bris se viera obligado a abandonar Budapest ante el avance de las tropas soviéticas, la salvación fue completada por Giorgio Perlasca, un italiano que había luchado en el bando de Franco durante la Guerra Civil y estaba en la ciudad por asuntos de negocios. Se hizo pasar por el encargado de negocios español y consiguió conservar y ampliar las tareas de salvación. Después de la guerra y frente al aislamiento al que estaba sometido el régimen de Franco inició una campaña propagandística en la que se atribuía la defensa y salvación de todos los judíos sefarditas.

Resumen   

A pesar de la hostilidad hacia los judíos en los círculos gubernamentales y en el público durante la guerra, y a pesar de los estrechos vínculos del régimen con la Alemania nazi, los judíos que permanecían en España no fueron perseguidos. Los refugiados judíos que cruzaban el país hacia otros destinos no fueron discriminados, por las ordenanzas o en forma sistemática, respecto a otros refugiados. También cuando cruzaban loa Pirineos ilegalmente no eran separados de otros refugiados en su misma situación. La actitud española respecto a la salvación de judíos se reveló justamente en indiferencia manifestada hacia la mayoría absoluta de los cerca de 4.000 judíos poseedores de nacionalidad española y quienes podían haber sido salvados de las garras de Eichmann y sus secuaces. A pesar de que esos judíos estaban sumamente cercanos a España por su idioma y su cultura, las autoridades les negaron el derecho a permanecer en el país, aun cuando decidieron salvar a algunos de ellos. En este caso resalta la generosidad y bonhomía de algunos representantes españoles en los países ocupados; varios de ellos merecieron el reconocimiento de Justos de las Naciones.