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Fragmento de una entrevista realizada por Haim Avni y David Bankier con el rabino Fritz Winter en Montevideo, 11 de julio de 1984.

Depto. de Historia Oral del Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En el año 1938 terminé mis estudios y llegó la ‘Noche de los Cristales’.

La misma noche, el 10 de noviembre, un jueves a la tarde nos buscaron. Mi papá era rabino en un hospital en Berlín y también era maestro de religión en algunas escuelas judías. En aquella época no había posibilidad de enseñar como antes en los colegios [del estado] religión e historia judía, sino que enseñaba en las escuelas judías historia judía y hebreo, etc; y una directora nos llamó  (hasta hoy no sabemos quién era), y nos avisó: por favor, deben abandonar la casa, nada más; y cuando nos enteramos en la mañana lo que había ocurido en el templo nos alejamos llevando también a mi abuela, la madre de mi papá y a la tía. Las dos vivían juntas. Estuvimos escondidos durante tres semanas en la casa de las dos en un cuarto pequeño. 

No tuve la oportunidad de seguir con los estudios y tampoco con el rabinato y por lo tanto emigré. Yo me dirigi al Hilfsverein der deutschen Juden. Habáa allí un departamento especial para los rabinos que querían abandonar el país. El doctor Otto Prinz, que era el que se ocupaba de este asunto, me aconsejó que vaya a América Latina, a cualquier país, y yo entonces me dirigí a la oficina de turismo y ellos me dieron la posibilidad. El agregó que a Bolivia hay una inmigración de miles y miles de judíos y que necesitan un rabino. En aquel entonces, si me hubieran preguntado donde está el archipiélago de Himalaya [sic!] o Bolivia misma, no tendría la menor idea. Me dirigí a la oficina de turismo y logré un visado de agricultor, pagado en aquella época, por París y por Francia. Soltero y con 24 años y con una maleta grande y otra más pequeña me dirigí a Bolivia, sin saber nada acerca de ese país.

            Yo no tenía pasaporte, y solo por el pago de una suma, en este caso de 100 dólares al cónsul boliviano en Francia, se pudo obtener un visado como agricultor,  luego de obtener el visado, se envió esta evidencia a la oficina de turismo, y con este documento se pudo obtener el pasaporte alemán que después me entregaron como Israel, con la foto grande y todo esto.* El pasaporte fue enviado a Francia y de allí le fue estampado el sello de agricultor que en realidad era un visado falso. Mientras tanto se difundió el rumor de que del Saint Louis en Cuba no se puede desembarcar con esos visados. Como yo era el único rabino entre 400 inmigrantes los calmé, hice servicios religiosos en el vapor, era Shavuot, hubo un casamiento, un bar mitzva.   Entonces no era como hoy, entonces todos los judíos estaban allá en los servicios. Les hablé a ellos y también los tranquilicé, y la verdad es que Dios nos ayudó. Desembarcamos en Arica, en Chile, y allí recibimos los visados como turistas por  tres meses para Bolivia.

La agencia de turismo fue la que tramitó todo.  No había ninguna posibilidad de obtener visas en Berlín. Los demócratas [los consulados de las democracias occidentales N.del E.] se portaron muy mal, y esto yo ya lo dije varias veces en alta voz, en Bolivia, en Uruguay y en todos lados, se portaron muy mal, cuando yo estuve ya por salir del país, ví largas colas de nuestros amigos ante los consulados, y desgraciadamente muchos de ellos perdieron la vida. Se portaron mal todos, todos, todos menos los países latinoamericanos...

 

* Desde el año 1938, en los documentos de identidad emitidos a judíos en Alemania,  era obligatorio agregar el nombre Israel a los hombres y Sara a las mujeres.