El cónsul insoburdinado

Aristides de Sousa Mendes

Portugal

Arístides de Sousa MendesArístides de Sousa Mendes
Arístides de Sousa Mendes con su familia, 1936Arístides de Sousa Mendes con su familia, 1936
Arístides de Sousa Mendes con su familiaArístides de Sousa Mendes con su familia
Hojas de un registro de visados del 17 de junio de 1940, con nombres de personas que recibieron visados de Sousa MendesHojas de un registro de visados del 17 de junio de 1940, con nombres de personas que recibieron visados de Sousa Mendes

Aristides de Souza Mendes era cónsul general de Portugal en Burdeos, Francia. Al capitular Francia en junio de 1940 decenas de miles de refugiados, entre ellos miles de judíos, se dirigieron hacia el sur de Francia con la intención de cruzar la frontera con España, continuar a Portugal y partir desde allí a América.

Hasta el 10 de mayo de 1940 era posible obtener visados de entrada o permisos de tránsito a través de Portugal en el consulado de ese país en Burdeos. Para esa fecha, cuando Alemania invadió Holanda y Bélgica, el gobierno de Portugal prohibió el tránsito por el país de refugiados, en particular judíos. Esa medida significó el cierre de la última vía de esperanza para ellos. Ciudadanos británicos portadores de una recomendación del cónsul británico podían obtener visados. Pero alrededor de otros 30.000 refugiados, entre ellos 10.000 judíos se congregaron frente al consulado portugués presionando para obtener el trozo de papel que les podía hacer salir de Francia.

Sousa Mendes, un católico devoto y de buen corazón, al ver la apremiante situación en que se encontraban los refugiados, decidió desobedecer las instrucciones explícitas de su gobierno. Recibió la visita de una delegación de los refugiados, encabezada por el rabino Jaím Kruger, a quienes prometió emitir visados de tránsito a todo aquel que lo necesitara, agregando que quien no pudiese pagar por los visados los recibiría gratis.

A continuación estableció una oficina improvisada en el consulado y con la ayuda de dos de sus hijos y algunos judíos que se encontraban a la espera en las cercanías, comenzó a emitir visados de tránsito. Por tres días y tres noches trabajó sin permitirse ni un minuto de descanso, hasta desplomarse exhausto una vez completado el trabajo. Entre el 15 y el 22 de junio estampó 1.575 visados.

Los rumores acerca de las acciones de Sousa Mendes llegaron a Lisboa y se le ordenó perentoriamente retornar a su país. Dos hombres fueron enviados para escoltarle de regreso a Portugal. En el camino, y todavía en suelo francés, pasaron por el consulado portugués en Bayona. Allí Sousa Mendes vio una multitud de varios centenares de personas apiñadas a las puertas del consulado. Ello le recordó las escenas del suyo en Burdeos. A pesar de haber sido llamado de regreso entró a la oficina y haciendo caso omiso de las objeciones del cónsul local, le ordenó emitir de inmediato visados a todos los solicitantes. Él mismo estampó los mismos agregando con su propia letra: “El Gobierno de Portugal solicita amablemente al Gobierno de España permitir al portador de este documento cruzar España libremente. El portador es un refugiado del conflicto en Europa y está en camino a Portugal”. Después de proveer a los solicitantes del tan buscado documento los acompañó personalmente a un puesto fronterizo español y se aseguró que lo cruzaran sin incidentes.

De regreso a Lisboa Sousa Mendes fue juzgado por un tribunal disciplinario y despedido del Servicio Exterior. Esto lo dejó en la indigencia e incapacitado para proveer por sus 13 hijos.

Murió en la pobreza en 1954. Recién en 1988 fue rehabilitado totalmente gracias a presiones externas y al esfuerzo de sus hijos.

Cuando se le pidió que explicara sus acciones, dijo: “Si miles de judíos están sufriendo por un cristiano (Hitler), no hay duda que un cristiano puede sufrir por tantos judíos”.

El 18 de octubre de 1966 Yad Vashem reconoció a Aristide de Sousa Mendes como Justo de las Naciones.