Un americano en Marsella

Varian Fry

EE.UU.

Varian FryVarian Fry
Varian Fry en Francia (Colección del Museo del Holocausto de los Estados Unidos)Varian Fry en Francia (Colección del Museo del Holocausto de los Estados Unidos)
El hijo e Varian Fry plantando un árbol en Yad Vashem en honor a su padreEl hijo e Varian Fry plantando un árbol en Yad Vashem en honor a su padre
El Certificado de Honor otorgado a Varian Fry por Yad VashemEl Certificado de Honor otorgado a Varian Fry por Yad Vashem

Por el acuerdo de armisticio firmado en junio de 1940, Francia estaba obligada a entregar a todas las personas buscadas por la Gestapo, un enorme número de los cuales eran intelectuales judíos. Los refugiados de Alemania que habían buscado refugio en Francia se encontraron una vez más bajo control alemán, y el peligro para sus personas era grave. Una organización de ayuda – el Comité de Rescate de Emergencia (ERC) - fue fundado en Nueva York con el objeto de ayudar a dichos intelectuales y figuras de renombre varados en Francia, quienes corrían peligro de ser arrestados y entregados a los alemanes debido a sus posturas antinazis. Con la intervención de la esposa del presidente de Estados Unidos, Eleanor Roosevelt, el Departamento de Estado de EE.UU. consintió en hacer una excepción a su restrictiva política de visados, y proveer de visas de entrada a un número limitado de doscientos refugiados. Varian Fry, un estudioso de los clásicos que trabajaba en Nueva York como editor para la Asociación de Política Exterior, fue enviado por el Comité de Rescate de Emergencia a Francia. Su función fue llegar a Marsella, donde muchos de estos refugiados se encontraban, y hallar la manera de sacarlos de allí. Contaba con una lista de doscientos nombres, y una suma de U$S 3.000 para sí mismo.

Al llegar a Marsella en agosto de 1940, Fry se estableció en un cuarto del hotel Splendide, y comenzó a escribir cartas a las personas de la lista. Los rumores de su llegada se habían extendido, y cientos de personas venían a pedirle asistencia. Pronto descubrió que el consulado norteamericano no iba a ayudarlo a trasladar a dichas personas a EE.UU., y que tendría que trabajar de modo independiente. Frente al apremio de los desesperados refugiados, Fry decidió actuar y comenzó a hallar vías – la mayoría ilegales – de hacer huir a aquellos refugiados que estaban en peligro inmediato de caer en manos alemanas. Las colas de refugiados frente a su cuarto de hotel eran tan largas que alquiló una oficina y reunió a un grupo de colaboradores – expatriados estadounidenses, ciudadanos franceses y refugiados – para que lo ayudaran en el proceso de clasificación. Establecieron el Centro Americano de Socorros (Centre Americain de Secours) y comenzaron a entrevistar entre 60 y 70 personas por día. Años después, Fry describía cómo enfrentó el dilema de a quién debían ayudar: “No teníamos modo de saber quién estaba realmente en peligro y quién no. Teníamos que adivinar, y la única manera de hacerlo era dar a cada refugiado el pleno beneficio de la duda. De otro modo, podíamos haber rehusado ayudar a alguien que estuviera en verdadero peligro y enterarnos luego que se lo habían llevado a Dachau o a Buchenwald debido a nuestro rechazo”.

Aunque no tenía experiencia en el trabajo clandestino, Fry puso en marcha una compleja operación. Su oficina funcionaba tanto por vías legales como ilegales: una vez que las doscientas visas norteamericanas se agotaron, la oficina de Fry intentó obtener visas a otros países; un ex caricaturista vienés fue enrolado para falsificar documentos; algunos refugiados fueron enviados clandestinamente en barcos de guerra hacia el norte de África – todavía bajo control francés-disfrazados de soldados desmovilizados; otros fueron sacados de Francia por tierra.

Fry intentó dos veces conmover al Secretario de Estado norteamericano Cordell Hull. “Miles se encuentran en prisiones y campos de concentración en Europa sin esperanza de ser liberados porque no tienen un gobierno que los represente... ¿No pueden EE.UU. y otras naciones del hemisferio occidental tomar medidas inmediatas, tales como la creación de nuevos pasaportes Nansen [utilizados con anterioridad para ayudar a refugiados rusos desplazados] y la extensión de al menos una protección diplomática limitada para sus poseedores?”, escribió el 10 de noviembre de 1940. Ninguna de sus cartas tuvo respuesta.

Las actividades de Fry alcanzaron unas dimensiones tan significativas que se volvió difícil mantenerlas en secreto. La Policía francesa decidió emprender firmes acciones contra él. La embajada norteamericana en Vichy y el consulado en Marsella, adhiriendo a la estricta política de inmigración de su país, no intervino en favor de Fry. Como un primer paso, la policía francesa allanó sus oficinas. En diciembre de 1940 fue arrestado y retenido por un tiempo en un barco prisión en el puerto de Marsella. Pero nada lo disuadió de continuar con su trabajo. Permaneció en Francia aun después de vencido su pasaporte, y continuó con sus actividades de rescate. Finalmente fue arrestado por la policía francesa en agosto de 1941 y se le dio un plazo de una hora para empacar, luego de lo cual lo acompañaron hasta la frontera española. Se le dijo que su expulsión había sido ordenada por el Ministerio del Interior francés en coordinación con la embajada estadounidense. Fry describiría luego su partida: “Era un día gris y lluvioso cuando abordé el tren. Miré por las ventanillas, e innumerables imágenes se acumulaban en mi mente. Pensé en los rostros de los miles de refugiados que había enviado afuera de Francia, y los de miles más que había tenido que dejar tras de mí”.

De acuerdo con la estimación de Fry, para mayo de 1941 su oficina había atendido unos 15.000 casos. De ellos, aproximadamente 4.000 personas recibieron asistencia; 1.000 de ellos fueron trasladados clandestinamente fuera de Francia por diversas vías. Entre los judíos que Fry ayudó a huir de Francia se hallaban numerosas figuras conocidas, tales como Hanna Arendt, Marc Chagall, Jacques Lipchitz, Siegfried Kracauer, Franz Werfel, Lion Feuchtwanger y muchos más.

Cuando se le preguntó por sus motivaciones, Fry respondió que en su visita a Berlín en 1935 vio a hombres de las SA atacando a un judío, y sintió que ya no podría permanecer indiferente.

Luego de su regreso forzado a los Estados Unidos, Varian Fry fue puesto bajo la vigilancia del FBI. Por el resto de su vida fue evitado por sus ex colegas y amigos, y hasta su muerte prematura en 1967, a los 59 años, se ganó la vida como maestro de latín en una escuela de varones. Poco antes de su muerte, el gobierno de Francia lo galardonó con la Orden de Caballero de la Legión de Honor.

En 1994 fue distinguido con el título de Justo de las Naciones por Yad Vashem. El hijo de Varian Fry plantó un árbol en su honor en Yad Vashem en 1996. A la ceremonia asistió el secretario de Estado norteamericano Warren Christopher, que en la ocasión se disculpó en nombre del Departamento de Estado por el abusivo trato que se le dispensara durante los años de guerra.