La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

“Mientras yo esté entre los vivos, ustedes hermanos míos estarán menos muertos”
El relato de Malka Marisha Rosenthal (nacida Dulberg)

Ceremonia del Día del Holocausto


Destinado a la sección superior [secundaria - preparatoria]
Duración de la ceremonia, 30 minutos aproximadamente.

Un tema relevante para la enseñanza del Holocausto es el de los testigos y los testimonios. La ceremonia se centra en la historia de una testigo entre muchos otros. En ésta se intercala la historia de los sobrevivientes. La ceremonia combina pasajes del testimonio de Malka Rosenthal, relatos de sus tribulaciones, y canciones. Entre éstas, una escrita por Malka, que puede ser descargada del sitio.

“También yo viví mucho fantaseando. Lo que recuerdo es que en el tonel yo recreaba juegos. Recuerdo que le hablaba a Losha y a Imak y a Pola y a todo tipo de amigas que ya no vivían. Recuerdo que hacía de ellas, es decir, yo era todas. […] Me hacía muñecas con la paja. [...] Yo no soñaba, no había sueños. Pero tenía como alucinaciones. [...] También siempre pensaba que se iba a terminar, que estaba por terminarse. Es decir, si no hoy entonces mañana, entonces habrá pasado mañana. Pero mi madre vendrá un día. Ante todo tenía un objetivo – la guerra ciertamente terminará, y era obvio que los alemanes perderán. [...] De alguna manera, a mí me era claro, realmente no entiendo por qué. Yo quería vivir. Yo viví. Sin comparar lo que antes tenía y lo que tengo ahora. Esa es mi vida, yo existo, yo respiro, entonces yo vivo”.

Malka-Marisha Rosenthal (nacida Dulberg) tuvo una infancia común hasta los cinco años. Su familia vivía en una casa bonita en Stanislavov, una ciudad en Galicia oriental. Su padre, David, era un comerciante exitoso, que usaba una kipá [solideo] y hablaba idish y polaco. Su madre, Fany, graduada de la Universidad de Lvov, provenía de una familia asimilada, muy educada y adinerada. Como era costumbre en esos días, la institutriz familiar Fany Denis crió a Marisha. La vida de Marisha cambió al estallar la guerra.

“No recuerdo la palabra ‘Jid’ en polaco antes de la guerra. Fue una gran sorpresa para mí cuando de repente me volví judía. Es decir, judía en el sentido negativo. Puede ser que sabía que era judía. Pero no pensaba en ello, ciertamente no a esa edad. No puedo recordar nada respecto al judaísmo en mi niñez justo antes de la guerra [...Cuando estalló la guerra] yo, como el camaleón, cambié mi piel. Pero no recuerdo eso como algo muy traumático. Recuerdo que me adapté, lo acepté. Antes vivíamos de una manera y ahora de otra”.

Durante la invasión alemana a la Unión Soviética, en junio de 1941, la ciudad de Stanislavov fue conquistada por ellos y Marisha y los miembros de su familia fueron obligados a trasladarse al gueto. Marisha tenía seis años y medio. En su testimonio ella describe la primera “acción” [aktzion] en el gueto.

“Nos escondimos en el ático. Pero allí había muchas personas y no había tranquilidad, había gritos, niños lloraban y gritaban. Llegaron un alemán y quizá quince ucranianos. Subieron al techo, abrieron la puerta y nos ordenaron bajar [...] El alemán nos colocó en una fila [...] y nos miró, [...] yo lo miré y él me miró, nuestras miradas se encontraron, y de repente exclamó: ¡No! [...] Repitió nuevamente todo el proceso de selección, y nos hizo permanecer a mi madre y a mi. Los otros se fueron.”

La vida en el gueto de Stanislavov era muy difícil. Además del hambre diaria, los alemanes llevaban a cabo muchas “operaciones”. El departamento de la familia Dulberg estaba cada vez más abarrotado. Adultos y niños que llegaban de todos los alrededores pasaban a vivir con la familia. Los niños casi no salían de la casa debido a los peligros que los acechaban en las calles del gueto. Pasaban el tiempo jugando adentro de la casa. Entre otros juegos, jugaban a las escondidas deslizándose dentro de la pared doble construida entre dos cuartos.

A mis amados los muertos*

Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Wexsler

Mientras yo esté entre los vivos
ustedes, mi hermano Kopole y mi madre Fany estarán menos muertos.
Mientras mi nombre se eleva, en los labios de mis hijas y mis nietos,
ustedes mis amigos de la niñez,
Leibush, Pola, Losia y todo el resto,
seguirán “jugando” conmigo en todos los juegos.
Juntos nos repartiremos las migajas,
Juntos entre las paredes jugaremos a las escondidas con los asesinos.

Perdónenme mis amados los muertos
Mientras yo esté entre los vivos,
ustedes hermanos míos estarán menos muertos.


Con ayuda de la institutriz, Fany Denis, Marisha y su madre fueron sacadas de contrabando del gueto, a un escondite en la casa de un profesor ucraniano. El padre se vio obligado a quedarse en el gueto. Durante su estadía en el escondite se enteraron que hubo una gran operación, cuya consecuencia fue la pérdida del contacto con el padre. Marisha y su madre creían que el padre había sido asesinado. Después de un tiempo, se vieron obligadas a dejar la casa del profesor debido al peligro de ser descubiertas. Al viajar en tren fueron reconocidas por residentes locales que intentaron entregarlas a la Gestapo. De entre la muchedumbre salió un ucraniano que declaró que él lo haría, pero a escondidas las llevó a su casa y allí les reveló, para sorpresa de ellas, que el padre estaba vivo. Unos días después las condujo a la casa del guardabosque donde se escondía el padre. Al tercer día de su estadía en ese lugar los alemanes efectuaron una redada.

“Estábamos sentados en un granero muy alto. [...] Era de mañana. Mamá me lavó, yo estaba medio desnuda y papá estaba sentado. Dentro de esta situación en la que mamá me lavaba y me hacía cosquillas, y jugaba conmigo [...], repentinamente el alemán movió el paquete de paja y nos vio a los tres así, en esa situación. Hubo cierto asombro [...] Él retrocedió y bajó por las escaleras a llamar al gentil y mostrarle qué tesoro había encontrado. Fueron ésos unos pocos momentos, pero luego comprendimos que papá había preparado con anticipación un hueco que llevaba hasta el piso. [...] Recuerdo a mamá diciendo: David, salvemos por lo menos a la niña. Y ellos me empujaron, me empujaron hacia adentro; yo me recuerdo [...] cayendo, volando, chocando con esos paquetes de paja y aterrizando en algo de forma rara con la cara y la cabeza adentro de una especie de cuadrado pequeño de luz. [...] Papá [...entró] ahí después de mí y mamá también. Se cubrieron con los paquetes de paja, y yacimos allí por horas”.

El párrafo siguiente puede ser teatralizado por medio de un locutor y dos actores.

Fueron ésos los últimos momentos durante los cuales la familia estuvo junta:

“hubo gritos que continuaron por mucho tiempo. Casi al anochecer, el alemán dijo que si esos judíos no salen afuera, prenderá fuego a la paja. Y en el momento de oír eso, papá agarró a mamá por las piernas, [...] pero ella le pateó con fuerza, salió afuera y nos echó encima un montón de paquetes de paja. Casi nos ahogamos. [...] Ella tomó todo lo que había allí, una maleta con ropa, todo lo que había. Lo tomó, bajó, y se acercó al alemán y le dijo: ¿Me buscaba?
Él le preguntó: ¿Dónde estuvo?
Entonces ella le dijo: Estuve acá arriba, me eché dentro de los paquetes de paja.
Él preguntó: ¿Dónde están su esposo y su hija?
Y ella le contestó: ¿Por qué cree que estuve aquí todo el día? Porque esperé a que ellos escapen, venga y le mostraré de dónde escaparon.
Ella empujó una puerta y dijo: Aquí, usted ve, aquí hay una escalera, por esta escalera ellos bajaron al pozo. Como estamos realmente en el extremo del bosque, ellos entraron al bosque y están allí tiempo suficiente para que mi esposo pueda alejarse, usted nunca en su vida encontrará a mi hija. Mi hija quedará viva, usted nunca encontrará a mi hija.
Ella gritó muchísimo. Papá no sabía qué hacer. Puso su mano sobre mi cara, me cerró la boca, pero no pudo cubrirme los ojos, [...] temió que yo gritara. Y entonces el alemán disparó y mató a mamá.”

Ven Mamá

Letra: Lea Naor
Música: Yoni Rechter

Hace tiempo que se fue toda la luz,
no te vayas tú también de repente.
Ven mamá, ven mamá,
ven siéntate un poco conmigo.

El viento golpea a los árboles,
y tus manos están tan cálidas.
No te vayas, cuéntame mamá
cómo vienen los sueños.

Si de repente apareciera un ángel,
A mi cuarto despacio vendría,
ven mamá, ven mamá
y veme tú también.

No, no temo en la oscuridad,
y no tiemblo para nada.
Ven mamá, ven mamá,
siéntate conmigo hasta que crezca.


El párrafo siguiente puede ser teatralizado por medio de un locutor y dos actores.

La madre sacrificó su vida, y salvó a Marisha, a su padre y a la familia del guardabosque. A mitad de esa noche pidieron a Marisha y a su padre dejar la casa. Era invierno. Marisha estaba desnuda y sin zapatos. El padre le hizo ropa de una bolsa, y unió pedazos en forma de polainas para que le protejan las piernas. Marisha y su padre se escondieron en el bosque nevado unas cuantas semanas, comiendo lo que allí encontraban. Al llegar las nieves del invierno, cuando pensaban que no podrían sobrevivir, encontraron otro escondite.

“Había allí una canaria pequeña en una jaula. [...] Ella trató de llamar mi atención a esa canaria. [...] Yo le dije: ¿Por qué tienes a la canaria en la jaula? Entonces ella me dijo: Porque de otra manera se volará. Le dije: Pero ella quiere libertad, ella no quiere estar en una jaula. Entonces me dijo: La libertad es a veces algo peligroso, y si ella volara afuera,como hace mucho frío moriría, aquí en la jaula está protegida y está bien. Para ese entonces yo ya había llegado a la conclusión que la libertad no siempre es tan buena. Es decir, que si me esconden y me mantienen en algún escondite es bueno para mí”.

Vuelve a tu Casa

Letra: Dalia Ravikovich
Música: Shem-Tov Levi

Qué buscas afuera niña
tu pie no encuentra descanso
ave herida, regresa a mi
y vuelve a tu casa.
Escucha las voces,
el trueno de los techos de las casas.
Cuida tu alma de la voz de la tormenta.
Vuelve a tu casa

Luna alta de medianoche,
luz sobre las ramas del árbol
deja a tu alma oír
un pequeño canto.

Ahí creció el ajenjo,
ahí hay un alma que hace temblar de frío
ventana sombría y celosía cerrada,
vuelve a tu casa.

Luna alta de medianoche...

Eleva tu ojo a los cielos,
ya la fisura del amanecer se pone gris,
se estremece ya un pájaro.
Vuelve a tu casa.


Luego de encontrar refugio en una casa polaca, Marisha y su padre debieron abandonar otra vez. Finalmente, encontraron refugio en el hogar de una familia aldeana, simple y pobre, la familia Cot. El padre le anunció a Marisha que había decidido unirse a los partisanos, y ella se quedó sola. Marisha fue transferida de la casa al establo, donde se le preparó un nuevo escondite – un tonel. Marisha, que ya tenía siete años y medio, se escondió en el tonel durante un año y ocho meses.

“En el comedero, donde comía la vaca, había una abertura. [...] Luego entendí que era un tonel que estaba lleno de paja. Allá había [...] una frazada calurosa para cubrirse. [...] Me dijeron que me eche allá. Me eché allá. Me daban comida una vez al día, a veces dos veces al día [...] Había allá un perro negro que lo llamaban Diable. Diable me quería mucho y yo lo quería mucho a él. No dejaba entrar a nadie al establo. Venía a mí y se sentaba en el comedero, yo lo abrazaba, me sentaba con él y jugábamos mucho. De hecho, cuando lo pienso, era como un niño. Es decir, en cierto momento incluso pensé que sabía hablar. Me lamía y era mi amigo. [...] Y así de hecho pasaba el tiempo allá. [...] Ese año no vi ninguna persona. De vez en cuando venía el viejo, Cot, y me sacaba y paseábamos un poco. Me apoyaba en él. Yo tenía dificultades para caminar, y él me sacaba y así dábamos vueltas. En cierto momento tuve también dificultades para ver. [...] Regresé al tonel hasta el año 1944”.

Marisha vivió en el tonel desde la edad de siete años y medio hasta los nueve años. Le estaba prohibido pararse en el tonel y por supuesto salir de él hasta las horas de oscuridad. En esta época Marisha perdió el sentido del tiempo y se enfermó. En julio de 1944, el pueblo fue liberado por los rusos. Su padre fue herido e internado en un hospital en Chernovitz. Marisha siguió viviendo en la casa de la familia Cot y se convirtió al cristianismo. Luego, el padre de Marisha se casó nuevamente, y Marisha pasó a vivir con ellos en Stanislavov. Dado que le fue difícil adaptarse a esa vida, Marisha eligió pasarse al kibutz de niños e inmigró a Israel en el barco de la inmigración ilegal “Éxodo”.
Malka-Marisha contrajo matrimonio con Dov y les nacieron dos hijas: Tzipi y Pazit. Malka no habló de su pasado hasta la década de los noventa.
Hoy en día Malka es abuela de Ofir, Omer, Adi, Hadar, Amir y Amit, “para los cuales todo vale la pena”.
Malka escribió un libro para niños acerca de “Marisha”, ella se encuentra con alumnos y cuenta su historia.

“Hay en mi una vidadesperdiciada que pudo ser diferente. Nací en un mundo y llegué a otro. Puedo jugar a "si hubiera sido". Si hubiera sido así y así, qué hubiera pasado. Pero no sé. Por supuesto que hubiese querido que mi niñez siga como debía haber sido. Me imagino que mi madre planificó alguna forma de vida para mí, como toda madre planifica para sus hijos. Pero no soy solo yo, fue todo un mundo entero el que fue destruido. No sé si es un pérdida personal. No puedo hablar sólo sobre mí. Es que no existe nada, no existe nada de lo que había. Entonces hoy yo relato [...] Es parte de mi y morirá conmigo y eso es todo .Quizá ese es el motivo por el cual quise perpetuarlo, porque es la verdad”.

A mis amados los muertos*

Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Wexsler

Perdónenme mis amados los muertos,
estoy viva, río, canto
y llevo sus nombres en mis labios y en mi corazón
día a día, hora a hora.
Cuando llegue mi día,
no los llevaré a ustedes a la tumba conmigo.
Vuestro nombre resonará de un extremo del mundo al otro,
y servirá como lápida viva y como señal de alerta al mundo
contra ese espanto.

Mientras yo esté entre los vivos
ustedes hermanos míos estarán menos muertos.



*A mis Amados los Muertos
Letra: Malka Rosenthal
Música: Dor Veksler
Soprano: Shlomit Tennebaum
Piano: Dor Veksler
Coro: León Kijler, Shaul Goren, Oded Albert, Dor Veksler
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