La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

Frente al límite – Tzvetan Todorov

Por José Eugenio Cordero

 

Frente al límite

Tzvetan Todorov nació en Sofía, Bulgaria, en 1939. Conocido lingüista, his-toriador, filósofo, semiólogo, crítico y teórico literario. Estudió Filología eslava, especializándose en las lenguas y literaturas búlgara y rusa, “Eso sí, la enseñanza estaba dominada en literatura por esa ideología marxista propia de los países del Este: se enseñaba un catecismo muy restringido que daba res-puesta a todo. Cualquier texto era clasificado de inmediato como realista o re-alista-socialista, categoría que era considerada como superior… Era un estudio contaminado que no permitía analizar la literatura en sí misma ”[1]. Se diplomó en la universidad de su ciudad natal en 1961.
En 1963 se trasladó a París (actualmente posee la nacionalidad francesa) para completar sus estudios con Roland Barthes y Gérard Genette, doctorán-dose en 1966. Todorov fue profesor en la École Pratique de París, en la Uni-versidad de Yale y en Vincennes, participó decisivamente en numerosas revis-tas como Communications y Poétique, a cuyo consejo de redacción perteneció. Actualmente es director de investigaciones del Centre de Recherches sur les Arts et le Langage (del CNRS parisino).
Por sus aportaciones al pensamiento contemporáneo, Tzvetan Todorov es-tá considerado como uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo. Todo-rov ha recibido, entre otros galardones el Premio Europeo de Ensayo Charles Veillon en 1998, el Premio Charles Lévêque de la Academia de Ciencias Mora-les y Políticas de Francia, la primera edición del Premio Maugean de la Aca-demia Francesa y el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008, que recibió “por sus valores y su trayectoria como semiólogo e historiador”.
Sus primeros trabajos refirieron a la teoría literaria. Tras un primer trabajo de crítica literaria dedicado a la poética de los formalistas rusos (1965), publicó estudios como Gramática del Decamerón; Poética de la prosa; Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje; o Los géneros del discurso. En este campo es de destacar su definición de lo fantástico (Introducción a la literatura fantástica, 1970). Más tarde fue abandonando el formalismo y su interés se extendió a la filosofía del lenguaje, disciplina que concibió como parte de la semiótica o ciencia del signo en general; emprendió las investigaciones Teorías del símbolo; Simbolismo e interpretación; y Crítica de la crítica.
Todorov, siempre inquieto, fue apartándose poco a poco del área de sus investigaciones iniciales. Califica como una de sus cualidades, pero también de sus defectos, que: “me he entregado siempre a múltiples curiosidades, intere-sándome en diversos temas que iban variando con los años, por lo que si bien intentaba profundizar en cada uno de esos campos, al cabo de un tiempo experimentaba un sentimiento de haber alcanzado un techo un límite y me sentía enseguida atraído por otro tema. Puedo afirmar que si bien conozco bas-tantes dominios no llego a dominarlos exhaustivamente”. En la transición entre los estudios literarios y el análisis cultural y la historia de las ideas, se situaría Mijail Bajtin: el principio dialógico, sobre el gran teórico ruso de las ciencias humanas.
Él explicó en una entrevista que creía que debe de haber una continuidad entre nuestras convicciones filosóficas e ideológicas privadas y nuestra exis-tencia pública y política. “Desde el momento en que llegué a esa suerte de convicción, ya no pude limitarme a analizar la técnica de los símbolos literarios, por ejemplo, sino que me impliqué en ver ante todo cuál era su papel en la vida social. Naturalmente, mis objetos de estudio siguen siendo los textos, que son lo que sé analizar, pero cambia el horizonte, que ha dejado de ser, por decirlo así, el de mis colegas; ahora es el de la vida pública”.
Son estas investigaciones sobre la diversidad cultural las que definen su trabajo en los ochenta y los noventa: su primer estudio sobre la alteridad fue La conquista de América de 1982, tras este; Frágil felicidad; Nosotros y los otros; Cruce de culturas y mestizaje cultural; Las morales de la historia (premio Rousseau de 1991); Elogio de lo cotidiano; La vida en común. El hombre desplazado, de 1996, es una reflexión sobre su propia persona, definido como alguien que llegó a Francia, proveniente de un medio cultural muy distinto (no olvide-mos que Bulgaria en 1963 era todavía una dictadura recién salida del estali-nismo) y sin conocer el idioma. Encontramos en Todorov una de esas personas capaces de ponerse en el lugar del otro, que pueden ver la realidad desde mu-chos puntos de vista porque se han acostumbrado a vivirla así. De este giro en su investigación se enmarca su interés por el totalitarismo y los campos de concentración. Para nuestro interés hay cinco libros que, de modo más o menos directo, tratan del tema de la Shoah.
En 1994 Todorov publicó Une tragédie française. Été 44: scènes de guerre civile, -que ha sido traducido al catalán con el título Una tragedia francesa-, so-bre la violencia civil tras la liberación en 1944. En este libro analiza el ajuste de cuentas y los actos de venganza ocurridos en una de esas poblaciones del centro de Francia en las que nunca sucede nada, Saint-Amand Montron. En una entrevista publicada en El País, aseguró que la depuración que tuvo lugar en Francia después de la Segunda Guerra Mundial "fue uno de los episodios más negros de la historia de Francia "[2].
Los abusos de la memoria, publicado en 1995 y traducido al castellano en Paidos en 2000, es un libro muy breve que plantea el problema de los usos de la memoria histórica, frecuentemente interferidos por intereses políticos o de otro tipo.
Contrapone la creación de una verdad oficial en los estados totalita-rios a la “obligación” de buscar una verdad histórica no oficial en los estados democráticos. Toma, a continuación, como paradigma, el Holocausto, “trauma europeo por excelencia” y se refiere a los extremos de la negación y la sacrali-zación y a cómo estas posturas frente al suceso histórico son sostenidas por grupos políticos, es decir grupos que pretenden influir en la redacción de las leyes.
En 1999 publicó La fragilité du bien: Le sauvetage des juifs bulgares, del que no tengo noticias que esté traducido. Se trata de un libro en el que realiza una selección y comentario de varios textos con testimonios de las personas que contribuyeron a que Bulgaria fuera una excepción, junto con Dinamarca, como países aliados de Alemania en los que los judíos no fueron asesinados ni deportados a los campos de exterminio. Todorov plantea la necesidad del en-cadenamiento de múltiples condiciones y decisiones que fueron necesarias para que, finalmente, triunfara el bien. El bien permanece con dificultad, raro y, sin embargo, posible. Contrasta, según Todorov, esta fragilidad del bien con la facilidad con la que el mal, una vez puesto en circulación en la vida pública, se expande.
Memoria del mal, tentación del bien: Indagación sobre el siglo XX, fue escrito en 2000 y publicado en castellano en 2002, traducido por Manuel Serrano Crespo. Analiza el siglo XX y la memoria de lo peor del siglo: el totalitarismo, a través de la mirada de seis personas –Vassili Grossman, Margarete Buber-Neumann, David Rousset, Primo Levi, Romain Gary y Germaine Tillion- que padecieron los campos de concentración nazis o soviéticos y, en algunos casos, ambos. Estos “faros de luz en un siglo de tinieblas, que han seguido creyendo, a pesar de todo que el hombre debe ser la finalidad del hombre” son contrapuestos a los sistemas totalitarios, cuyos protagonistas “aspiraban al bien, no al mal [3] y, sin embargo, fueron responsables de la muerte de millones de seres humanos, la tortura, la deportación de otros tantos millones: de ahí la paradoja, Tentación del bien, que utiliza en el título.
Pero el libro que aquí nos interesa, por ser el que directamente trata de los campos de concentración es el primero, cronológicamente hablando, Frente al límite (Face a l’extreme) publicado en 1991 y cuya primera edición en versión castellana, traducido por Federico Álvarez, se publicó en 1993 en México por S XXI Editores S.A.
Este libro es un recorrido personal a la vez que intelectual que responde a esa preocupación suya, que ya hemos mencionado, por comprometerse perso-nalmente con el tema de sus investigaciones. “Sin un compromiso personal, -dice el autor- a lo sumo se consigue reformular algo más o menos claramente que antes, pero no se logra producir un conocimiento nuevo. La novedad de visión sólo puede provenir del individuo que cada cual representa”. El hecho de haberse criado en un estado totalitario le llevó a preguntarse por el papel de las personas sin responsabilidades políticas, en situaciones como la de Alemania en los años del nazismo o de la URSS. Sus padres, bibliotecarios de Sofía, eran funcionarios responsables y cumplidores, obedientes a la ley, que le enseñaron las virtudes que son necesarias para desenvolverse en el mundo como un buen ciudadano, “me parecía que si me contentaba con reproducir los testimonios recogidos, sin interrogarme sobre mi interés, produciría un libro escolar sin profundizar en el conocimiento. Por ese motivo sembré el libro de pequeños pasajes, impresos en cursiva, que cuentan mis recuerdos persona-les, evocados por aquellos de los que hablo”. Concluye Todorov afirmando que, pese a la distancia que le separa de las víctimas y de los verdugos de los cam-pos nazis y estalinistas, “hay aspectos en mi propia existencia sobre los que me podía interrogar y que me permitían penetrar en la mente de esas personas que habían vivido de una u otra manera”.
El libro nació de la extrañeza que sintió Todorov en una visita a Polonia, en 1987, frente al cementerio judío de Varsovia, completamente solitario y descui-dado, y la multitud desbordante en la Iglesia donde ofició Popieluszko, sacerdo-te que fue asesinado. Siempre se dice que el mundo de la moral queda clausu-rado en los campos de concentración. La negativa a aceptar esta premisa es la que le llevó a iniciar esta investigación acerca de los comportamientos huma-nos, enfocados desde el ángulo de la moral, en los campos de concentración. Partiendo de ese punto, diferencia entre dos tipos de acciones virtuosas y con-trapone las virtudes heroicas a las virtudes cotidianas. Afirma Todorov que: “El mal radical o el bien espectacular son fenómenos muy raros. Pocos hombres son capaces de la generosidad y del coraje que exige el acto heroico. La humanidad no se hunde por la ausencia de esos actos heroicos sino por el ol-vido de actos humanitarios que sólo requieren el reconocimiento de nuestra sociabilidad compartida. Es la vida en común, a la que he dedicado otro tex-to.… Si ese acto del bien fuera reconocido como tal podría gozar de un mayor prestigio”. Y añade en otro momento: "Me parece que hay muchos más actos de bondad de los que reconoce la "moral tradicional", la cual ha tenido la ten-dencia a valorar sólo lo excepcional, cuando es nuestra vida cotidiana la que está tejida con ellos[4].
Entonces, Todorov, nos introduce en el análisis de algunos actos de virtud cotidiana para decir que estos son infinitamente más numerosos que los actos heroicos. “La banalidad del bien, tan importante, alude a esa simple integración nuestra en el tejido social que nos hace cuidar de las necesidades del otro”. Son tres los apartados de este capítulo, en los que profundiza en las virtudes de la dignidad; del cuidado y en las de las actividades del espíritu.
Pero su investigación no se detiene en el terreno de las virtudes sino que inicia a continuación un gran capítulo que intitula: Ni Monstruos ni Bestias. ¿Por qué estudiar este aspecto? Afirma Todorov que la interpretación del mal le “atrae menos que la del bien… pero no por eso estoy menos obligado a reco-nocer que el mal es el personaje principal de la literatura concentracionaria[5].
“Conviene recordar que necesitamos consumir relatos, y que el relato re-quiere la desgracia (o el mal) para progresar. -dice Todorov en la entrevista citada, parafraseando a Balzac- Nunca he encontrado a nadie «esencialmente malo», pero el mal existe”. Siente el autor que no puede evitar el buscarle una explicación; “no creo en el mal por el mal (no hay nada diabólico), y muchas veces se hace daño al intentar ser benéfico: en mi país, la delación estaba promovida desde un poder que se quería filantrópico”
Este capitulo se estructura en cuatro apartados: Gente Común; Fragmentación; Despersonalización y El Goce del Poder. El primero de estos apartados lleva un subapartado cuyo título es toda una declaración de intencio-nes, Explicación del mal. Cita Todorov a Primo Levi “Los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes[6] Para explicar el mal no puede uno recurrir a la monstruosidad, ni a la vuelta a la bestialidad ni tam-poco es suficiente, según Todorov, el fanatismo ideológico.
El tercer capítulo relaciona los dos anteriores al estudiar las actitudes de quienes fueron víctimas de ese mal que, en un momento determinado, puede aparecer como extremo. El capítulo está titulado Ante el mal y tiene como apar-tados: No violencia y resignación; Las formas del combate, en el que presta la mayor atención a la figura de los salvadores y Decir, juzgar comprender, en el que analiza el testimonio de los supervivientes para luego centrarse en tres obras especialmente importantes: Si esto es un hombre de Primo Levi, Shoah de Claude Lanzmann y En el fondo de las tinieblas, entrevistas realizadas por Gitta Sereny a Stangl (comandante de Sobibor y de Treblinka) y otras personas de su entorno.
El punto de vista de Todorov nos lleva a considerar el bien y el mal como dos actividades cuya línea de separación puede ser muy fina. Esa línea de separación no divide a unas personas de otras sino que cada persona puede, y de hecho lo hacemos, aspirando al bien, obrar de modo incorrecto en cualquier momento. Dijo Todorov, citando de nuevo la entrevista publicada en la revista digital DDOOSS, “hay un tercio excluso, como se dice en lógica, inadmisible, que nos presenta el bien o el mal obligándonos a elegir entre dos extremos que salen así favorecidos. Tendemos a aislar el mal de otras actividades, pero” y aquí llega a una conclusión que puede resultar sumamente desalentadora “sus fuentes son las mismas que las del bien”.
Nos preguntamos, siguiendo el hilo argumental del libro, qué es lo que hace que gente corriente y normalmente bien intencionada opte por mayorita-riamente por cometer el mal. Todorov adelanta su conclusión en la página 133, cuando se hace eco de las afirmaciones del psicólogo Gilbert y afirma que hay un límite, en cualquier sociedad, para el número de crímenes que se pueden cometer por sadismo o por fanatismo, pero que no hay límite para el número de crímenes que se pueden cometer de manera fría y sistemática en nombre del imperativo categórico militar. “la explicación no debe buscarse en las caracte-rísticas del individuo sino en las de la sociedad que impone tales “imperativos categóricos”. La explicación es política y social, no psicológica o individual”. Todorov concuerda en cierta medida con Hannah Arendt, es el totalitarismo el que pone las circunstancias las que llevan a que, en un momento determinado, se convierta en normal un comportamiento que en tiempos normales nos pare-ce inimaginable. El niño Petr Ginz explicaba con extrema sencillez –y con ex-trema claridad- la paradoja del totalitarismo en la entrada del 1 de enero de 1942 de su diario: “Por lo demás no pasa nada especial. En realidad pasan muchas cosas, pero no se notan. Lo que resulta ahora totalmente corriente, hubiera sido motivo de escándalo en una época normal”, dijo antes de enumerar la larga lista de las cosas que les estaban prohibidas a los judíos.
El último capítulo de Frente al límite se titula Los campos totalitarios que son presentados como el rasgo fundamental de la política del terror de los sis-temas totalitarios y como una de las características definitorias del siglo XX[7] pero, sobre todo, como un “modelo deformante de la sociedad”[8] . El totalitaris-mo es lo opuesto de la democracia, no su verdad. “Pero precisamente porque es el límite extremo, o su opuesto, el totalitarismo puede enseñarnos mucho sobre la democracia”[9] .
Termina el libro con algunas consideraciones sobre las lecciones morales que se obtienen de la historia del totalitarismo: El crecimiento del mal, la trivialidad del bien y la existencia de valores sexuados.
Considero de suma importancia leer este libro, que debería ser obligatorio para profesores de ética por la importancia y la profundidad de las reflexiones acerca del comportamiento moral de las personas sometidas a situaciones ex-tremas. Si de algo puede servir la experiencia pasada del totalitarismo y de la Shoah es para entender que en todos los momentos, incluyendo los más ad-versos, todos somos libres de elegir y que siempre se puede elegir el bien.


[1] Salvo cuando se indique lo contrario, todas las citas pertenecen a la entrevista celebrada el 26 de septiembre de 1997, publicada en la revista digital DDOOSS de la Asociación de Amigos del Arte y de la Cultura de Valladolid y realizada por F.C. y M.J., del Consejo de Redacción.
[2] El País 20-10-08
[3] De la cubierta del libro, edición de Península, Barcelona, 2002.
[4] Tzvetan Todorov; Frente al límite, México, siglo XXI, 2007, pág. 306
[5] Ibíd., pág. 129
[6] Frente al límite, pág. 131 citando a Primo Levi; Si esto es un hombre.
[7] Pág. 291
[8] Pág. 294
[9] Pág. 295