La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

El Holocausto

Por D. José Antonio Marina


En 1965, surgió una polémica en Francia, con el motivo del proceso de Klaus Barbie, acerca de si habia llegado el momento de olvidar, perdonar o hacer que prescribieran los crímenes nazis.
Un gran intelectual judío, Vladimir Jankelevitch, en un ensayo titulado : « Lo imprescriptible », escribía : « Cuando un acto niega la esencia del hombre en tanto que hombre, la prescripción tendiente a absolverlo en nombre de la moral, contradice ella misma la moral ».
El problema de los genocidios, de los crímenes contra la humanidad, resulta de especial relevancia para una fundamentación de la ética y para una pedagogía de la ética.
Cualquiera de los terribles genocidios ocurridos recientemente, el de los armenios, los perpetrados por Stalin en Rusia, Mao Tze Tung en China, o Pol Pot en Cambodia, las atrocidades padecidas en Ruanda, y en Latinoamérica por las dictaduras militares en Chile, Uruguay y Argentina, forman parte de esa terrible historia.
Tiene algo especial el Holocausto ? Creo que sí. Fue una experiencia de aniquilación sistemática, racionalmente planificada, llevada a cabo con una frialdad lógica, por un Estado cuyos habitantes tenían una gran cultura, una tradición humanista y religiosa y un gran nivel científico.
Es importante lo sucedido en Alemania no solo por lo brutal e injusto, sino por las circustancias que lo rodearon, ya que nos enseñan « la absoluta precariedad de nuestros sistemas legales y políticos ». La estructura ética de una sociedad puede desplomarse con demasiada facilidad.
Pondré algunos ejemplos. Alfred Rosenberg, el ideólogo del racismo ario, decía cosas que continuamos escuchando, aunque en sordina : « La idea del derecho racial es una idea moral que se basa en el conocimiento de una legalidad natural ». Goebbels sostenía que : « La naturaleza está por encima de la ciencia y conforma su propia vida ».
Herman Goering dio un paso más : “Los pueblos llevan su derecho no escrito como una brasa sagrada en la sangre”. « Derecho es lo que los hombres arios consideran que es tal, no derecho lo que ellos desaprueban ».

En 1933, un día en que el Consejo de la Sociedad de Naciones se ocupaba de la queja de un judío, el representante de la Alemania nazi, Goebbels, afirmó lo siguiente : « Somos un Estado soberano y lo que ha dicho ese individuo no nos concierne. Hacemos lo que queremos con nuestros socialistas, con nuestros pacifistas, con nuestros judíos y no tenemos que soportar control alguno ni de la humanidad ni de la Sociedad de Naciones ».
La insolencia racional, la manipulación autolegitimadora, el que no fuera el arrebato de un loco, sino un hecho que legiones de juristas, intelectuales y gentes « normales y pacíficas » se lanzaran a justificar, es lo que convierte el Holocausto en el « representante simbólico » de todos los genocidios. Su trágica precedencia se debe a la infernal perfección con que se llevó a cabo.
Albert Camus retrató en su Calígula el espanto de esta situación. Hace decir a uno de sus personajes : «Otras veces hemos padecido a un poder absoluto. Lo que no conocíamos es un poder absoluto ejercido absolutamente ».

Como debe incluirse el tema del Holocausto en la enseñanza en España ?
Creo que de dos maneras. La primera, dentro de un proceso de fundamentación de la Ética. La segunda, en el proceso de educación del comportamiento ético, en el terreno de las virtudes.

La fundamentación de la Ética
Comenzaré con una distinción terminológica : durante mucho tiempo, hubo dos palabras prácticamente sinónimas : « Moral » y « Ética ».
Posteriormente, por influjo de la filosofía alemana, se consideró que la ética era una reflexión filosófica sobre la moral, lo que aclaraba el asunto.
« Moral » es el sistema de valores y normas aceptado por una cultura, y por lo tanto, hay tantas morales como culturas. Moral cristiana, protestante, judía, musulmana, budista, marxista, nazi.
¿Una « Moral » nazi ? Por supuesto, y en mucho casos muy estricta. Cuando se leen los textos que se utilizaban en las Juventudes Hitlerianas, predicaban una moral de la fidelidad y el sacrificio hasta la muerte, primero por Alemania, pero después, cuando se consiguió identificar a Alemania con Hitler, por Hitler.
La « Ética », por el contrario, es una moral universal, transcultural. No se trata de saber si la hay, se trata de que es imprescindible que la haya. La formulación actual (que es difícil que nadie rechace) se basa en la idea de la « Dignidad » de todos los seres humanos, dignidad de la que derivan los derechos, como dice la constitución alemana de 1948, elaborada después de la Segunda Guerra Mundial.
Es evidente que con esta afirmación se iba radicalmente en contra de la posibilidad de que los derechos vinieran de otra parte, que fueran derechos colectivos, no universales.
A pesar de ese escepticismo, la historia, a través de una dolorosa experiencia, en medio de terribles zigzageos, se va acercando hacia un modelo universalmente aceptable que puede resumirse de la siguiente manera :

  1. Reconocimiento de los derechos individuales. Los derechos son personales, protegen a los seres humanos como individuos, por el hecho de ser personas.
  2. Rechazo a las diferencias no justificadas, a la discriminación.
  3. Participación en el poder político.
  4. Apelación a la razón (y no a los sentimientos) para resolver los conflictos.
  5. Seguridades jurídicas.
  6. Política de ayuda.

Este es el modelo al que todos aspiramos. Esto no es una afirmación gratuita, sino que puede fundamentarse convincentemente. Sólo voy a mencionar dos tipos de justificación. La primera fue dada por Jacques Maritain, filósofo católico de origen judío, que fue uno de los consultores que participaron en el borrador de la Declaración de los Derechos Humanos. Le sorprendió comprobar que los distintos participantes, de diferentes procedencias religiosas o ideologías, se habían puesto rápidamente de acuerdo sobre cuales deberían ser los derechos fundamentales e imprescriptibles, con la condición de que no pretendieran justificarlos, porque los sistemas de justificación se enfrentaban inevitablemente.
El asunto debió de producir un malestar filosófico, porque cuando poco después dio el discurso de inaguración de la Conferencia Mundial de la UNESCO afirmó que las normas éticas se justificaban mediante un peculiar procedimiento racional : la experiencia moral de la humanidad, en la cual esta incluida la experiencia de las víctimas.
En este sentido, el Holocausto es una experiencia de la humanidad, que nos advierte de las trampas en las que puede caer no una persona, sino una democracia y una nación entera.
La segunda justificación, a la que doy mucha importancia, la denominó « Reducción al horror ». Ya saben que los matemáticos tienen dos modos de demostrar un teorema. Uno es directamente. Otro, por un interesante procedimiento. Demuestran que si ese teorema fuera falso, se seguirían consecuencias absurdas. Pues bien, en ética, es necesario utilizar un tipo de fundamentación, parecida y mostrar que cuando no se acepta un principio ético, lo que resulta inevitablemente es el « Horror ».
Así es como yo he utilizado el Holocausto dentro de la fundamentación de la ética. Y así lo utilizo tambien en mis clases de ética, porque conviene hacer recordar a los alumnos, que la ética no es un adorno, una manía, una declaración de buenos sentimientos, sino un asunto dramático, que nos sitúa ante una elección : O vivir la ley de la selva, o vivir en un orbe ético regido por normas éticas. Y que no se puede tener un pie en cada orilla. O lo uno o lo otro.

La educación de la personalidad
Hay otro segundo empleo del tremendo ejemplo del Holocausto. Una advertencia acerca de la precariedad de nuestros sistemas, de la facilidad con que somos colaboracionistas. El fenómeno del nazismo – la sumisión con que el pueblo alemán soportó una dictadura tan terrible – provocó numerosas investigaciones para precisar lo que denominó « personalidad autoritaria », que no es la que quiere ejercer el poder, sino la que desea un poder fuerte al que someterse.
Erich Fromm fue un adelantado en estas investigaciones, porque en 1929 basándose en encuestas hechas a trabajadores en Alemania describió un « tipo autoritario » definido por un fuerte impulso emocional a someterse a líderes poderosos, símbolo de fuerza y poder, y una notable tendencia a identificarse con ellos en orden a obtener seguridad. Fromm se sorprendió al encontrar una cantidad desproporcionada de tipos autoritarios, es decir, deseosos de someterse, entre los votantes del partido nacionalsocialista.
Pocos años después, en enero de 1933, Hitler subió al poder. En el miedo a la libertad volvió a tratar este tema, y en Ética y psicoanálisis habló de « conciencia autoritaria » que vendría caracterizada por la interiorización de autoridad externa (padres, jerarquías reconocidas como tales, el Estado), cuyas normas y castigos se internalizan también.
La identificación con la autoridad produce a estas personas un sentimiento de bienestar y de seguridad, funcionando como un premio.
Ian Kershaw ha estudiado « el mito de Hitler » (Paidós, Barcelona, 2003) el proceso de construcción de la imagen del Fuhrer. Se propone demostrar “de que modo el mito de Hitler, expresión con la que quiero significar tanto la imagen “heroica” como la idea popular que se tenía de Hitler, idea que le imputaba características y motivos que en la mayoría de los casos divergían toscamente de la realidad, proporcionó al régimen la base del respaldo que le otorgaban las masas ».
Hitler fue consciente de lo importante que era su imagen « omnipotente ». Se transformó a sí mismo en una « función », la función de Fuehrer. Se crearon rituales, porque conocía muy bien la función ordenadora e integradora del rito. A fines de 1941, cuando se hallaba en la cúspide de su poderío, Goebbels afirmó que la creación del mito del Fuehrer, había sido su mayor logro propagandístico.
Para mí el gran test de la situación es lo sucedido el 30 de junio de 1934, la llamada « noche de los cuchillos largos ». Hitler da orden de fusilar, de una manera criminal, sin juicio previo, a la plana mayor de las S.A. que se habían granjeado la iniquia popular por sus desafueros. Quince días después, en un largo discurso en el Reichstag, Hitler reconoce que el dio la orden, y lo hizo como « el juez supremo del pueblo alemán ».
Este hecho criminal, sorprendentemente, aumentó la popularidad de Hitler. Gran parte de la población alemana – menos los comunistas y algunas tibias críticas de las iglesias cristianas – consideraron que el Fuehrer había ejercido una « justicia natural », defendiendo al pueblo de los prepotentes.
A partir de ese momento la figura del Fuehrer se separa de la imagen del partido. « si el Fuhrer supiera lo que pasa, no lo permitiría ». Pero hay una camarilla a su alrededor que le bloquea la información – algo parecido se decía en España en la época de Franco- El Fuehrer no era culpable de nada, el no podía ocuparse de todo. Estaba por encima de los acontecimientos diarios. Weber ya había advertido que los fundamentos del peor carismático, residen principalmente fuera de la esfera de la vida cotidiana.
Hitler sabia conmover las emociones populares, pero siempre moviéndose en las grandes palabras : la restauración del poder y la gloria de Alemania. Tan pronto como se convirtió en canciller, Hitler comenzó a utilizar una retórica religiosa. El 1 de Mayo, primer « día del trabajador nacional » cerró su discurso con una súplica al todopoderoso :
« Señor, ya lo ves, hemos cambiado. El pueblo alemán ya no es un pueblo sin honor, un pueblo de ignominia, que se desmembra, pusilánime y de poca fe. No, Señor, el pueblo alemán, es de nuevo fuerte en su determinación, fuerte en su tenacidad, fuerte en su resistencia, frente a todo sacrificio »
Goebbels describía los mítines de Hitler como un ejemplo de « religiosidad » en el más profundo y misterioso sentido de la palabra. Su popularidad se mantuvo porque se le consideraba capaz de mantener la paz. Había montado una gran campaña afirmando que la misión de Alemania era conseguir la paz mundial.
La anexión de Austria pacíficamente aumentó ese prestigio. Sin embargo, lo que esperaba a los alemanes en el otoño de 1939 era la guerra.
Había pavor ante otra confrontación y sin embargo los alemanes siguieron a su Fuehrer a una nueva guerra, sin entusiasmo, pero sin protestas. Y lo más sorprendente, la popularidad de Hitler no disminuyó.
Es cierto que la invasión a Polonia se justificó como necesaria en un conflicto que Alemania no habia iniciado. Fue fácil aprovechar los prejuicios contra Polonia. Ademas, como sucede siempre, una vez comenzada la guerra, el pueblo cerró filas tras sus gobernantes. Muchos creían que Hitler había hecho todo lo posible para evitar la guerra.
La elaboración del mito de Hitler – que en su desmesura sirve para estudiar otros mitos – hay que ponerla en relación con la figura de la sumisión que fomentó y que, a su vez lo hizo posible.
Se caracteriza, ante todo, por una falta de capacidad crítica, la sustención de la razón por la emoción, y un tratamiento idolátrico de la política elaborado en tres etapas :

  1. Divinización del pueblo alemán y la Nación.
  2. Afirmación del Fuehrer como encarnación de ese pueblo divinizado.
  3. Transferencia al Fuehrer de la dignidad divina del pueblo.

Alemania cayó en el terreno de la Hiperfección, donde todo es posible, incluido el hiperpoder. Esto solo es posible mediante previos procesos de mitificación ideológica.
Es importante descubrir estas trampas e intentar desactivar su eficacia, porque nada nos asegura que fenómenos tan terribles no vuelvan a suceder.
He hablado ya de que hay personalidades especialmente vulnerables al poder, las llamadas « personalidades autoritarias ». En 1943, Maslow definió la importancia que tienen en algunas creencias básicas. Estos son los rasgos de la gente que desean ser políticamente dominadas :

  1. Visión del mundo como una selva peligrosa, llena de seres egoístas.
  2. Visión jerárquica de la estructura social.
  3. Alta valoración de signos externos del poder y estatus.
  4. Valoración negativa de la simpatía y la generosidad (consideradas débiles).
  5. Valoración positiva de la fuerza y la crueldad (identificadas con una naturaleza superior).
  6. Tendencia a la disciplina y el orden.

Cuando a esto se une una manipulación emocional – que resulta muy fácil de conseguir – el resultado es : La Maldad.
El horror resulta tan incomprensible que podemos intentar defendernos de él con mil justificaciones, olvidando, cambiando, considerándolo imposible, « por algo será », « lo que sucedió, sucedió » y el tiempo no vuelve atrás.
Pero sería, sin duda, una ultima humillación para las víctimas, si no aprovecharamos su sufrimiento para sacar enseñanzas para toda la humanidad. No es mucho consuelo, pero lo contrario sería añadir desconsuelo al desconsuelo.