La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

Existencia, identidad e identificación
Niños judíos que vivieron en la parte aria de Polonia en la época del Holocausto.

Por Emuna Najmani Gafni


Publicado en: “Por el Sendero de la Memoria”, Yad Vashem, Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto, Número 2, Páginas 26-35, Marzo del 2009

El enfrentamiento de los niños y de los jóvenes con el cuestionamiento acerca de la identidad es por naturaleza diferente al de los adultos. En la época del Holocausto, niños judíos fueron separados de su marco familiar y comunitario judío – marco natural que los apuntalaba, siendo la base del desarrollo de su identidad.
A pesar de haber sido esta separación de la existencia judía o del marco de la vida diaria judía, en muchos casos la condición para la supervivencia de estos niños que fueron escondidos dentro de la población polaca cristiana, esta separación causó durante el Holocausto y posteriormente serios problemas de identidad.
Emuna Najmani Gafni que investiga el tema de los niños judíos en el Holocausto y posteriormente, presenta en este artículo el enfrentamiento de los niños y de los jóvenes judíos en Polonia frente a la cuestión de sus identidades. Najmani Gafni diferencia entre las edades de los niños que vivenciaron esta separación, y también entre los diferentes marcos del ámbito familiar, religioso y cultural de los judíos en Polonia en los cuales crecieron.
Este artículo enfoca a la comprensión que no solo la desconección del entorno y de la vida judía sino también el esfuerzo por borrar la identidad judía construyendo una identidad inventada y legítima, es lo que llevó a los niños a interiorizar esta identidad.
El contraste entre la identidad original y la nueva, despertó en parte de los niños de los cuales se habla en el artículo, una alienación y un profundo conflicto interno que se revelará después de la liberación. El artículo presenta casos de niños judíos que prefirieron guardar lealtad a su nuevo entorno cristiano después de la guerra, evitando volver a la vida judía. El cambio que sufrieron los que volvieron a su identidad original, no fué facil: fuera de los que volvieron a su identidad judía abiertamente, hubo aquellos que necesitaron varios años para hacerlo.

¿Recordarán la sinagoga?... Yo todavía soy un niño… y tú –
cubro mi cabeza con el talit festivo con flecos,
entonces se derramarán las franjas celestes y sujetarán hasta abajo
hasta mis rodillas – con su corona de plata brillante,
y yo como un potro que se amamanta en la oscuridad debajo de ella.
[1]

Introducción

En las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía en Polonia era multifacética: había judíos ortodoxos piadosos y no piadosos, judíos que cuidaban las tradiciones de las festividades del calendario judío y que en la vida diaria no se diferenciaban de su medio ambiente, y judíos que se habían alejado de la religión y de la comunidad sin haberse cristianizado. Muchos partidos políticos se formaron, con diferentes características y orientación. Todos ellos formaban el "judaismo polaco"[2].
Posteriormente a la conquista alemana, la pertenencia a un grupo judío no dependía más de la elección personal. Las leyes raciales Nazis fueron las que definían al judío, y esta definición incluía también a los que habian renunciado a toda relación con la sociedad judía, incluyendo a los que se habían crisitianizado. Todos estos fueron sentenciados por el régimen de la ocupación alemana por medio de decretos que los separaban del resto de la población. La desición acerca de la aniquilación del judaísmo polaco incluía a todos los judíos del país. Cuando consideremos la cuestión de la identidad judía de los niños en la parte aria, debemos tener en cuenta las edades y el por qué y el cómo llegaron los niños a la parte aria.
La definición de los distintos grupos de niños dependerán de hitos sobre el eje del tiempo durante la guerra. A continuación, tres hitos importantes: 1939 – conquista de Polonia, 1942 - el año en que fueron mandados la mayor parte de los judíos de polonia a la masacre, y la finalización de la guerra en Polonia (de julio de 1944 hasta enero de 1945). De acuerdo a estos hitos, escogí incluir en la exposición a niños que nacieron desde el fin de los años 20 en adelante – los mayores de edad tenían 10 años cuando comenzó la guerra, y entre 12-13 cuando fueron deportados, y también niños que nacieron después de haber comenzado la guerra. Éste es un grupo de diferentes edades, teniendo en cuenta que parte de ellos están capacitados para entender los acontecimientos y actuar conforme a ellos.

Fotos de tres niños que fueron escondidos por cristianos y devueltos al judaísmo por medio de la Organización de la Coordinación después de la guerra, Lodz, Polonia (Archivo de Yad Vashem).Fotos de tres niños que fueron escondidos por cristianos y devueltos al judaísmo por medio de la Organización de la Coordinación después de la guerra, Lodz, Polonia (Archivo de Yad Vashem).

En la época en la cual la mayor parte de los judíos vivían en los guetos, desconectados casi completamente de la pobalción polaca y generalmente desconectados de sus fuentes de sustento, el hambre era una parte escencial en su existencia. Los niños fueron parte de las tentativas de conseguir alimentos en el lado ario. Hubo quienes pasaron al lado ario para comerciar o trabajar en casas de cristianos y así ayudar a su familia. Otros fueron transferidos al aldo ario o pasaron por sus propias fuerzas e iniciativa como consecuencia de las noticias acerca de las deportaciones hacia el exterminio. Parte de estos niños encontaron su lugar en casas católicas, mientras que la familia y los vecinos sabían acerca de su judaísmo. Parte de ellos vivieron y trabajaron en casas de cristianos manteniendo una identidad falsa sin que se sepa que son judíos, parte vagabundearon de aldea en aldea haciéndose pasar por huérfanos polacos, y otra parte se unieron o fueron afiliados a instituciones educativas públicas o a marcos educativos en conventos.

Existencia judía o identidad judía

Antes de considerar el cuestionamiento de la identidad de los niños, es adecuado distinguir entre existencia e identidad. Existencia judía significa una manera de vivir dentro de una realidad judía, expresada en la vida diaria por medio del cumplimiento de preceptos, rezos, forma de vida, costumbres, observación de las festividades, comidas, símbolos, idioma y expresiones. La identidad depende del conocimiento, de la internalización, de la conciencia y del desarrollo intelectual y emocional del niño.
Para que se forme una identidad judía tiene que haber una identificación con los componentes de la existencia – con parte de ellos o con todos. La preparación de los niños judíos para entrar en la vida adulta en la edad del Bar Mitzvá (12 años para los varones) o Bat Mitzvá (12 años para las mujeres), y los contenidos y mensajes que les son transmitidos respecto al cambio de su posición, les ayuda a consolidar su identidad.

La característica de la existencia judía que fué vivenciada por los niños judíos antes de la guerra, dependía de la forma de vida en la casa paterna. Por ser el judaísmo polaco multifacético, también los niños vivenciaron una variedad dentro de la vida judía. Además de esto, cuando consideramos la existencia en al vida de los niños, debemos ampliar los círculos de influencia fuera del estrecho marco familiar. Así por ejemplo, niños que nacieron en familias que se alejaron de una forma de vida judía, viviendo dentro de la población cristiana, hablando la lengua del lugar y estudiando en marcos educativos estatales con niños cristainos, fueron influenciados por el medio ambiente y sus formas de vida. A pesar de eso, muchos vivenciaron efectos de la tradición judía en sus casa y en las de sus familiares. Parte de ellos festejaban fiestas judías, concurrían a la sinagoga y escuchaban el idish en sus visitas a sus abuelos o familiares que obserbavan una forma de vida religiosa[3]. A diferencia de ellos, hubo niños que crecieron dentro de familias religiosas, en comunidades que se separaban del medio ambiente cristiano vivenciando plenamente su forma de vivir judía, pero no se desconectaban totalmente del ambiente cristiano, manteniendo relaciones recíprocas con ellos. Por ser niños de diferentes edades aquellos que se quedaron en el lado ario durante la guerra, sus recuerdos de la existencia judía dependía de su edad. Los mayores recordaban experiencias de la vida judía y los menores recordaban a posteriori algo de esa forma de vida judía, a veces sin saber o entender su significado.
Así por ejemplo Henrik, que nació en el final de 1937: dos imágenes se grabaron en su cabeza y en su corazón, la escencia del recuerdo familiar, las dos de la época anterior a la guerra, antes de ser trasladado al lado ario. Una está conectada con el funeral de su abuelo: Henrik se acuerda que recibió una nueva camisa y para su asombro ese mismo día se la cortaron. El otro recuerdo es la imagen de su padre preparando a su hermano para la ceremonia del Bar Mitzva[4]. Niños que nacieron en la víspera de la guerra o en la guerra misma, no tienen ningún recuerdo de la casa de sus padres. Mientras que en el grupo de los mayores, hubo niños que tenían una identidad judía, y en el grupo de los menores hubo quienes vivenciaron una experiencia judía, en los grupos intermedios (que nacieron entre los años 1933-1936), hubo niños que en el momento de despedirse de sus familiares ya tenían una identidad judía y otros cuya identidad no se había cristalizado todavía.
La pertenencia de un niño al grupo judío no dependía solamente de elecciones hechas por sus padres o familiares definiendo su identidad judía. Precisamente la población cristiana en la cual vivían los judíos, tuvo una importante influencia en la identidad de los niños judíos. Apodos abochornosos que utilizaban los niños cristianos por ser los otros judíos, las observaciones de los vecinos, las palabras del maestro en la escuela que había reconocido a un niño judío y lo identificaba como tal – todo esto probocaba que los niños pregunten acerca de su identidad y su tendencia religiosa. Desde este punto de vista, los acontecimientos antisemitas que vivenciaron los niños judíos, pasaron a ser para ellos experiencias que formaron su identidad[5].
Después de la conquista de Polonia, el gobierno alemán limitó a los judíos aislándolos del entorno cristiano, por medio de decretos, señalándolos con la Estella Amarilla y mas tarde trasladándolos a zonas determinadas y a guetos. El aislamiento acentuó la pertenencia de los judíos en general, también de los que eligieron alejarse de la sociedad y de su identidad judía. El aislamiento voluntario de parte de la comunidad judía antes de la guerra para cuidar su identidad judía, pasa a ser una diferenciación por necesidad de todos los judíos. Los niños que estaban en la edad de la consolidación de la identidad judía y los niños cuyo proceso de configuración de su identidad se precipitó como consecuencia de la política de los alemanes hacia los judíos, experimentaron generalmente una vivencia negativa (o sea que la identidad se cristalizó en un contexto negativo de persecuciones, recibiendo un sentido negativo).
Los jóvenes y los niños menores sentian que pertenecían a una minoría perseguida, que sufría por ser judía. El hambre, los castigos por salir del gueto y la "desaparición" de su mundo familiar, acentuaron la sensación de la trampa que existe en la identidad judía. A pesar de esto, niños que vivieron el peligro de quedarse fuera del gueto o que eran concientes de ese peligro, no se sentían mas seguros dentro de él.

La vida en el lado ario con una identidad falsa

La salida del gueto hacie el lado ario era muy peligrosa. Los alemanes prohibian a la población polaca cristiana dar ayuda a los judíos y los amenazaban con pena de muerte tanto a los judíos como a los que los respaldaban. Muchos de los niños, también los mas pequeños, veían cómo se conducían los alemanes con el que era apresado en el lado ario. El que había salido del gueto para traer alimento a su familia, sabía qué peligrosa era toda salida y vuelta al gueto. Ellos aprendieron diferentes formas de obrar para no ser atrapados, pero el miedo los acompañaba en todos sus pasos. Jana tenía 11 años cuando solía salir del gueto de Varsovia para trer alimento a su familia. Cierta vez todo el grupo fué atrapado entrando al gueto, y uno de sus amigos fue disparado y muerto. Esta visión quedó grabada en su cabeza pero no le impidió segur saliendo, el hambre dictaba la forma de comportamiento[6].
En esta situación estaba claro que el permanecer en el lado ario por un largo tiempo, sería posible solo con una identidad falsa. A pesar de no tener una garantía con esta identidad de no ser identificado como judío, podría ésta ser una primera covertura. En los casos que los padres entregaron a sus niños en manos de polacos, tanto los padres como los que los recibieron eran cómplices de la formación de la nueva identidad y ella tenía correlación con el relato de la familia con la cual se quedarían en el futuro. En los casos en los cuales el niño fué sacado del gueto sin tener una dirección concreta donde estar, fueron los padres los que generalmente le formaban al niño una identidad inventada y una hisoria adecuada que explique el hecho de estar solo. En los casos en que el niño consiguió escaparse durante una deportación, debía montar una histora de covertura. Moshé tenía casi nuve años cuando tiró de la mano de su madre durante la subida al vagón que los deportaría al campo de exterminio, y escapó a las aldeas de los alrededores de su ciudad Zamosc. Durante los primeros días de su vagabundeo, se enteró que los alemanes evacuaron a los habitantes de las aldeas polacas y los mandaron fuera de la zona. Él adoptó el apellido de una de las familias, y en su vagabundeo de aldea en aldea y de pueblo en pueblo de las cercanías, solía contar que cuando su familia fue deportada él perdió el contacto con ellos quedando solo. Gracias a este relato ganó la simpatía y la compasión. Con el tiempo aprendió mas detalles acerca de "su familia" y así se armó una historia de covertura creible. En una de las aldeas trabajó en lo de un campesino y logró ir a la escula durante varios meses. Al final de ese año recibó un certificado de fin de año con su nuevo nombre, así recibió "certificación" de su nueva identidad[7].
Después de las deportaciones, los alemanes acrecentaron las búsquedas trás judíos que se escaparon al lado ario. Si no es suficiente con esto, también polacos se asociaron a la caza de judíos que se escondían dentro de la sociedad polaca. Por eso, una historia de covertura no era suficiente y se necesitaba documentación – cerificado de bautizmo, estar anotado en algún organismo, o toda otra clase de documento. Cuando los niños vivían en las casa de los cristianos, la nueva familia estaba interesada en tener algún documento formal que les sirva de referencia con la familia del niño escondido y reduzca el peligro para ellos mismos. También los niños estaban concientes de esa necesidad y hubo quienes lograron conseguir documentos.
No todos los niños tuvieron la suficiente energía para ponerse la identida de otro niño y de buscar dónde quedarse dentro de la población polaca enseguida después de haberse quedado solos. Había niños que no hablaban el idioma polaco o que su acento idish los delataba. Otros niños temían que su apariencia judía los delate. Niños circuncisos sabían que esa marca podía atestiguar acerca de su identidad. Muchos de esos niños necesitaron tiempo para pasar a la sociedad cristiana y se dirigieron a lugares donde todavía había judíos como guetos o campos de trabajo. A pesar que esta elección los puso en peligro, les daba una sesación de pertenencia y seguridad emocional. Estando en esos lugares podían también salir, vagabundear por los alrededores, aclimatarse al lugar y aprender a conocer la vida allí. Después de un tiempo, cuando se fortalecía su seguridad personal, salían a su camino.
Frente al peligro en el que se encontraba un niño dentro de la población polaca, era necesario adoptarse e internalizar lo mas rápido posible su nueva identidad para amenguar el peligro. La adopción de una nueva identidad obligaba al niño a conocer las formas de vida de las personas entre las cuales vivía, hablar su lenguaje en el acento local, conocer sus festividades y sus costumbres, y conocer los rezos cristainos. Para una gran parte de la población polaca, la religión católica tenía una gran presencia e influencia sobre la forma de vida, por eso un niño que vivía dentro de esa población tenía que conocer perfectamente esta forma de vida y debía aprender a vivir de acuerdo a ella.
La identidad ficticia prometía pertenencia a un grupo que se encontraba bajo el yugo de la ocupación, pero seguía viviendo sus vidas. Niños judíos que vivieron en su seno, sentían anhelos por su familia y se acordaban de las experiencias de la niñez dentro de la comunidad judía, pero parte de ellos sabían cuál había sido el destino de los judíos en general y de su familia en particular y ese conocimiento era como una señal de advertencia de lo que les podía llegar a pasar si se descubría su identidad. El miedo por no se descubiertos les afinó los sentidos y el deseo de asimilarse dentro de la población local, con el tiempo parte de los niños se alejaron del judaísmo pues como era natural tenían temor de ser parte del grupo perseguido[8].
Muchos de los niños que vivían dentro de la población polaca, adoptaban lentamente su nueva identidad cristiana. Si al comienzo su identidad ficticia era solo una cobertura, con el tiempo se acrecentaba su identificación con la sociedad en la que vivían. Hubo también niños que durante su estadía en el aldo ario fueron testigos de comentarios antisemitas y estuvieron expuestos a supersticiones relacionadas con judíos, adoptándolas en el transcurso del tiempo. Una de los niñas relató que "en la casa [la casa de la que la rescató] estaba colgada una gran placa de cobre y en ella se veía una mesa sobre la que estaba acostado un niño. Alrededor de él estaban sentados judíos con largas barbas, cada uno con una paja en su boca. La paja estaba clavada en el cuerpo del niño y ellos succionaban su sangre. Todos teníamos por seguro que eso era cierto [que así hacían los judíos a los niños cristianos – de acuerdo a las tradiciones de la Conjura de Sangre]"[9].
Hubo otras causas para las cuales adoptar una nueva identidad: el permanecer en el lado ario daba una sensación de soledad. Por naturaleza el niño necesita una relación familiar, al lado de una instututriz o un padre que se procupa por sus necesidades. Los niños judíos vieron lo que les pasó a sus familiares y a otros judíos, y se sintieron como si se hubiesen quedado solos y caminaron por el "no hay" y por el "hay". Así dijo una de las niñas: "Por lo general yo quiero a la tía [la mujer que la escondió] hasta más que a mi mamá. Mi mamá me abandonó y mi tía me recogió en su casa"[10].
Y más: en parte de los niños la iglesia fué la substituta de la calidez protectora de la familia, patrocinada por la sombra maternal de María. Si se decepcionaban de los cristianos y de su trato hacia ellos, sentían que el cristianismo los protegía.
Niños que eran pequeños o bebés cuando pasaron al lado ario, no podían acordarse de la experiencia judía siendo la experiencia cristiana en la cual crecieron la única experiencia que conocían identificándose con ella. Con los años ésa pasó a ser su identidad. Ita-Lea nació en el año 1941, teniendo un año y medio la dejó su madre en la puerta de una escuela cercana al bosque donde se escondía. Ita creció en lo de una familia cristiana hasta el año 1957, entonces fué devuelta a su madre biológica que vivía en Canadá. En ese entonces su experiencia y su identidad eran cristianas y le fué dificil aclimatarse en la familia de su madre judía[11].
A pesar de lo dicho anteriormente hubo niños, especialmene jóvenes mayores de edad, que guardaron su identidad judía. Su identidad ficticia cristiana era solo externa. No solo no se separaron de su identidad judía sino que esta fué una fuente de fuerza en la lucha diaria por sobrevivir. Ellos esperaban el fin de la guerra y el momento en que pudieran despojarse de su vesimenta inventada para volver a la vida judía. Cuando finalizaron las luchas en la zona donde vivía, juntó fuerzas Mania y protestó ante el campesino para el cual había trabajado y el que se comportaba de una manera grocera, diciéndole que no va mas a llevar al ganado a pastar. Cuando el campesino quiso castigarla, ella se confesó diciendo que es judía. Ella se escpó de la aldea y se encontró en el bosque con un grupo de soldados que acampaban entre los árboles. Corrió entre ellos como borracha, pasaba de soldado a soldado y anunciaba: "Soy judía"[12].
Desde las aglomeradas deportaciones al aniquilamiento y hasta el final de la guerra pasaron casi dos años y medio – un período de tiempo significativo en la vida de un niño. En cada niño tuvo un peso diferente la experiencia de la existencia judía, de lo que recordaba y de su identidad entes de la guerra, el modo en el que él vivencío esa existencia judía antes de la guerra, y lo que le aconteció en el lado ario después de haberse quedado solo. Todo esto unfluyó en la identidad al final de la guerra.

Al finalizar la guerra

Entre los niños que recordaban su infancia hubo quienes al finalizar la guerra se sacaron su identidad cristiana y salieron a las aldeas y a las ciudades para buscar a sus parientes o buscar a otros judíos que sobrevivieron. Si los encontraban se unian a esos grupos. Cuando comenzó a formarse una vida judía organizada, ellos se unían a casas de niños judíos que fueron establecidas por diferentes movimientos y partidos judíos en toda Polonia. El tipo de vida judía que los niños vivenciaron en estas casas de niños no dependían de los deseos o formas de vida de la familia antes de la guerra, sino de una consepción judía aprobada por las casas de los niños a las cuales habían llegado. A esos niños no les fue dificil volver a la experiencia judía o a consolidar una identidad judía[13].
En cambio hubo niños que eligieron quedarse en los lugares en los que estuvieron los últimos meses de la guerra. No veían sentido y no tenían forma de fomentar el cambio en sus vidas. Hubo quienes ni sabían o no creían que quedaban más judíos y aceptaron integrarse a la población local. Desde su punto de vista, la liberación del yugo de los alemanes no les daba una gran alegría. Se sentían solitarios, doloridos y cansados. Así como lo declara Betzalel: "No me alegré, no encontré en la liberación algo que fuera causa de alegría"[14]. Ellos no eligieron la experiencia cristiana, pero la aceptaban. Aún sin identificarse con su nueva identidad, ellos aceptaron su resultado. Una niña que vagabundeó durante dos años de aldea en aldea, extrañaba asu familia y recordaba con simpatía la tradición de la vida judía. Justamente por eso decidió unirse a un convento después de la guerra, así podía evitar el casamiento con un gentil[15]. Entre los niños que sabían que eran judíos hubo quienes decidieron quedarse dentro de la sociedad cristiana por el disgusto que no pudieron superar. Hubo quienes se enojaron con sus padres por haberlos abandonado, quedando solos en su lucha lor la supervivencia. Janca siguió viviendo en el convento después de la guerra. Casi dos años después de la liberación su madre la localizó y pidió verla. Ella no aceptó tan facilmente la reunión. Cuando su madre quiso abrazarla, ella la empujó enojada diciendo: "No, no quiero […] me dejaste sin un plan de acción"[16]. Hubo quines se enojaron con el Dios de los judíos por haber dejado a sus familias desamparadas o sin haberlas salvado. Así narró Fela: "Enseguida después de la guerra tuve problema con mi identidad. No quise volver a judaísmo. Era cristiana. Recé. Creí. No podía creer en Dios [como judía]. Para mi era un hecho que Dios no me ayudó y Jesús sí…"[17] Hubo niños que a pesar del sufrimiento, consiguieron el amor de la familia con la cual vivían y ellos estaban agradecidos por ello. Sentían que si renunciaban a ellos después de la guerra, sería ingrato por lo que habían hecho por ellos, por eso decidieron quedarse. Sin identificarse con el cristianismo, seguían mantediendo una forma de vida cristiana[18]. Hubo niños que temían revelar su identidad judía a la gente que les había creído su historia de cobertura. Los acompañaba una sensación de culpa y traición respecto a las personas que les habían dado confianza. Niños que internalizaron las ideas y supersticiones sobre los judíos, y creían en ellas, sentían indignación por los judíos, hasta por sus padres y lo que ellos representaban, no querían revelar su identidad judía. Una institutriz de una casa de niños relató que en la primera víspera de Pesaj después de la guerra, hubo niños que expresaron su repulsión por los judíos y se negaron a ser parte de la ceremonia[19]. Así por ejemplo una niña dijo que su padre que la vino a sacar de la casa por que quería llevarla para hacer de ella matzá (pan ásimo de Pesaj)[20].
Hubo niños que la permanencia en el judaísmo les daba miedo, no querían ser parte de un grupo perseguido. La experiencia traumática de la época de la guerra formó su conciencia. Estos niños no eligieron ser cristianos, pero elijieron no ser judíos. La identidad cristiana era segura. Así por ejemplo atestigua Ianka: "En esa época odiaba a los judíos y no me parecían decentes, me parecían mentirosos, que no les gustaba trabajar. En mi corazón borré mi identidad anterior para siempre. Todo el tiempo me agobiaba el pensamiento de por qué pertenecer a "algo" tan feo que es odiado por todos"[21]. Como a Ianka, a muchos niños les era dificil identificarse con con el lado judío.
Los niños jóvenes, y en general los que sabían que habían nacido judíos que vivenciaron una forma de vida cristiana en el medio ambiente en el cual vivieron durante la guerra, vivieron una experiencia que llenaba su mundo. Parte de ellos vivió durante la guerra dentro de un marco familiar afecruoso y hubo quienes sentían que la familia los resguardaba y los defendía. Tanto en unos como en los otros, existían las costumbres, las festividades, las oraciones cristianas. Ésta era la forma de vida que conocían y así se formaba su existencia. El sacarlos de esas familias fue un paso muy dificil, ellos no podían entender por qúe se los desgarraba de "su familia". Ellos tuvieron que aprender la forma judía de vida desde un principio, con todos sus matices. Irena, nacida en 1938, narró que el tío (bilógico) le propuso a "su padre" que pese a la niña y él le daría el peso en oro en cambio de ella. "Su padre" se resistió. Irena agregó: "Me alegré mucho al saber que mi padre no quiso entregarme a ese señor, no quería separarme de mis padres"[22].
Después de la guerra se crearon entidades y organizaciones judías que buscaban a niños judíos que se encontraban en casas cristianas[23]. La actividades de estas entidades se prolongaron casi cuatro años, y por medio de ellas se ubicaron a niños y se los trasladadba a casas de niños que fueron fundadas en diferentes cuidades de Polonia. Los primeros que se unieron fueron los niños que llegaron por su iniciativa y niños que fueron entregados por sus rescatadores, a veces contra la voluntad de los niños. Ésta fue la situación de la menor parte de los niños judíos que vivían en un ambiente crisitiano. Para la mayoría la búsqueda se alargó, y al ser ubicados, el traslado a la casa de la familia judía estaba sujeto a actos de persuación, promesas o una larga y agotadora negociación con los rescatadores que se negaban a separarse de ellos. Henrik tenía casi 10 años cuando llegó el Rabino David Kahana a la casa de la familia polaca que lo había adoptado después de la guerra. El Rabino le prometió que si vendría con él, recibiría una bicicleta. "Su hermana" de 17 años se ofendió cuando se dió cuenta que casi acepta, diciéndole al niño: "¿Por una bicicleta nos vas a dejar?".
Ella le prometió que saldría a trabajar y con el dinero que gane iba a comprarle una bicicleta. Henrik se quedó con su nueva familia y recibió la bicicleta de su hermana"[24].

La vuelta concreta a la sociedad judía no afirmaba el regreso al judaísmo. Muchos niños siguieron sintiendo pertenencia a la familia y al ambiente en el que vivieron durante la guerra, a pesar de estar en la casa de los niños judíos ellos deseaban el contacto con la familia que los había acogido. Para muchos de ellos, la desconexión de las personas cercanas les era dificil de sobrellevar, les hacía acordar la desconexión de su familia biológica durante la guerra y las dificultades físicas y emocionales que vivenciaron. En el testimonio de una de las niñas se lee: "No tenía fuerzas de separarme nuevamente de todos los que amaba y admiraba"[25]. No era ésta una identificación con el cristianismo, sino con las personas queridas que eran cristianas. El conservar la identidad cristiana les servía por un lado para cuidar del vínculo y aferrarse a lo conocido y querido para no quedarse nuevamente desarraigado y solitario.
Las actividades de localización de los niños que fueron hechas por asociaciones y familiares se prolongaron durante varios años. Así hubo niños que continuaron viviendo dentro de la sociedad cristiana también después de la guerra. El tiempo que vivieron en las casas de cristianos o en marcos de iglesias y la edad de estos niños en esa época, son los que influenciaron en la disposición y posibilidad de sacarse su identidad cristiana que había sido adoptada durante la guerra, y adoptar una forma de vida judía identificándose con su judaísmo.

Resumen

Niños que se quedaron en Polonia y continuaron viviendo con la familia que los salvó, construyeron naturalmente su identidad dentro de la sociadad en la que vivían. Parte de ellos sabían que habían nacido judíos, pero ésto perdió su sentido en el transcurso de los años que pasaron desde que fueron desconectados de su entorno judío hasta su adultez, mientras otros nunca supieron acerca de su origen judío. Algunos supieron que eran judíos siendo adultos y habiéndo ya formado sus familias. Las reacciones a este descubrimiento fueron diferentes entre una persona y la otra. Hubo quienes quedaron indiferentes, quienes comenzaron un viaje genealógico para ubicar familiares, y quienes siguieron su forma de vida pero se interesaron en el judaísmo. Aquellos cuyo mundo se desestabilizó como consecuencia del conocimiento de su origen judío, llegaron al final del camino sacándose su identidad cristiana y volviendo al judaísmo.
Muchos de los niños volvieron a la vida judía, pero la vuelta al judaísmo tardó muchos años. Hubo aquellos que durante muchos años conservaron signos de su forma de vida cristiana: tenían una medalla con la cruz, un libro de rezos, se crucificaban y oraban antes de dormir. Parte de ellos lo hicieron ocultamente como si vivieran una doble vida, y parte de ellos lo hicieron publicamente como protestando por haber sido despojados de su ancla de seguridad. A pesar de eso, en la mayoría los contenidos judíos cambiaban a los contenidos cristianos, y solamente al fortalecerse se transformaron en una identidad judía. Hubo aquellos en los que el diálogo entre las dos identidades prosiguió durante muchos años. Niños que fueron sacados de Polonia y llegaron a comunidades judías en la diáspora, cristalizaron su identidad de acuerdo al matíz de la identidad judía en la sociedad a la cual llegaron. Por otro lado, niños que llegaron a Israel con familiares o grupos de niños, construyeron una identidad combinada judeo-israelí[26] - que se unificó en una.


[1] Zalman Shniur, Shirim. Tomo 1, Tel Aviv 1958 , "Shaat rifión" pp. 205-207
[2] Acerca del espacio de las identidades judías: Eliezer Ben Refael, Zehuiot iehudiot: tshuvot jajmei Israel leBen Gurión. Kiriat Sde Boker, 2001 pp.36-39
[3] Acerca de la experiencia de la niñez en una comunidad judía antes del Holocausto: Eli Visel, "Ser judío". En: Biniamin Lau (ed.), Am levadad: moledet upzurá. Tel Aviv 2006 pp. 26-33
[4] Una entrevista mía con Henrik P., Varsovia, Polonia, agosto del 2002. Henrik no se acuerda si su hermano alcanzó a leer la Torá. Su padre falleció de una complicación en el intestino probablemente en el año 1941.
[5] Acerca de la crisatalización de la identidad judía: Shimon Herman, Zehut iehudit: mabat psijologui jevratí. Hasifriá haTzionit, Jerusalén 2000 "La escencia de la identidad etnica" pp.25-34, "Criterios de la identidad judía" pp.35-53; Shajar Peled, Misgueret lazehuiot. Haifa 2007 p.19
[6] Jana Abrutzki, Kojav bein tzlavim. Tel Aviv 1955 pp. 102-108
[7] Moshé Frank, Lahisared laatid: traumot haShoá shel ieled iehudí meZomosch. Tel Aviv 1993 pp. 55-58, 67-68, 70-71
[8] Acerca de las circunstancias de las salidas de los niños judíos al lado ario y la vida con una identidad falsa: Emuna Najmani Gafni, Levevot jatzuim: hotzaot ieladim iehudim mebatei notzrim bepolin leajar haShoá. Jerusalén 2001 Capítulo 1 pp.35-58
[9] Shlomit Maguén, Zikaron rishón veajarón. Fascículo que recibí de Guidón Maguén y que está en mi posición.
[10] Shlijut lagolá 1945-1949, Tel Aviv 1989 p.88
[11] Ver recopilación de documentos referidos a Ita-Lea Iguenfeld-Vaserman en: Najmani Gafni, Levevot jatzuim pp. 356-370
[12] Mania Levi, Helino otí laila. Tel Aviv 1963 p.107. Ver también: Iosef Leshetz, ¿Atá medaber zeevit? Tel Aviv 1997 pp.74-75
[13] Lena Kijel- Zilberman, Mea ieladim shelí. Jerusalén y Tel Aviv 1977 pp. 302-303
[14] Betzalel (Salek) Linherd, Heemanti sheeshaer bajaim: maavakó shel naar lisrod migueto Borislav ubatzavá haadom. Jerusalén 2005 p.134. Ver también: Ianka Guidón, ¿Matai ratziti lihiot eguel? Kibuz Dalia 2006 p.111
[15] Irit R. Kuper, El otam hakfarim. Tel Aviv 1977 pp.226-228
[16] Abrutzki, Kojav bein tzlavim p.374. Cuando fue ubicada Ianka en un convento en las montañas del sur de Polonia, ella se negó a dejar el convento. Decidió satisfacer el pedido de encontrarse con su madre solo después de haber recibido un compromiso por escrito de poder volver al convento después de la reunión, y que la información acerca de su judaísmo sea confidencial, sin ser revelada a la madre superiora. Hubo niños que vieron el traslado al lado ario como un abandono.
[17] Testimonio de Fela Wainshtein, nacida en 1933, en: Zvika Drori (entrevistador y editor), Dapei Edut: 96 javerim mekibutz Lojamei Haguetaot mesaprim. Tel Aviv 1984 Vol.3 p. 1002
[18] Frank, Lehisared uleaid. p. 78
[19] Jasia Bailitzka, "Bejazará lejeik haam". Archivo Moreshey .2.1D
[20] Efraim Dekel, Benetivei habrijá. Tel Aviv 1958 p. 432 ver también: p.439
[21] Guidón, ¿Matai ratziti lihiot eguel? p. 12, 14, 15
[22] Testimonio de Irena, Archivo Yad Vashem M-49/3786. Testimonio original del Instituto Judío de Varsovia. Irena tenía casi cuatro años cuando se separó de sus padres y diez años cuando fue sacada de la casa de los que la salvaron.
[23] Acerca de los organismos y organizaciones que se ocuparon de la búsqueda de niños en casas de cristianos: Najmani Gafni, Levavot jatzuim. Cap. 3 pp. 83-183
[24] Entrevista mía con Henrik P. Varsovia, Polonia, agosto de 2002
[25] Efraim Dekel, Sridei jerev: hatzalat ieladim bishnot haShoá uleajarea. Tel Aviv 1983 pp. 190-194
[26] Acerca de identidades judeo-israelíes: Ben Refael, Zehuiot iehudiot. Cap.3 pp 61-81