La Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto

Ana - Luís Enrique Grafeuille, Buenos Aires, fines del 2006


El pensar recordar parte de la tragedia humana, a través del tamiz estético será salvar siempre el singular valor de la vida sobre la muerte, teniendo presente el daño que intolerantes y xenófobos provocan.
Ana, la pluma visible, conjuga esa realidad tremenda de un tiempo histórico y abre la esperanza inquebrantable de mantener vivo el motivo de no renunciar nunca y si bien ignoramos sus útimos pensamientos, seguramente no estarían ahí, junto a su cuerpo, sino participando de alguna travesura o imaginando un futuro que otros conocieron.
Para quienes de alguna manera puedan ser mortificados en este diminuto ransito, sirva su diario de ejemplo para vivir en la adversidad.
Esta poesía fue elaborada durante fines del año 2006 y leída en reuniones literarias en el invierno del 2007 aproximadamente.
luisgrafeu@hotmail.com

Ana / Luís Enrique Grafeuille

Peter van Pels, la abrazó con cariño,
en realidad ambos se abrazaron,
para ella pudo ser
la experiencia más plena

un doce del veintinueve
abrió sus ojos enormes. . .
en Frankfort, una niña,
quien sin saber legaría
en un cuaderno entelado
color a hierro encendido,
dos largos años inciertos

narro de puño y letra
apenas cumplido trece,
la gracia que le brotaba
en ese andar limitado
y de sufrir el encierro
a combatir el oprobio,
orado penoso claustro
convirtiéndose en cronista
de sucesos que acercaban
conocidos benefactores,
sus propios pareceres
y esas voces sempiternas
en una, ruidosa radio

cándido énfasis puso
en cada sílaba escrita

a veces. . . de a ratos. . .soñaba
cerca de la ventana,
mirada de enamorada
le hablaba al longevo castaño,
mientras quería. . . cambiaba
creciendo de invierno a invierno,
soltar su cuerpo espigado
para soñar porque niña,
besar los copos de nieve
y soles sobre los marcos
y toda imagen que llegue
libres por la ventana,
en ese viejo edificio
ubicado al occidente
de Ámsterdam, Holanda. . .

mas. . . el ser inmaduro
atrapado por los odios
señaló. . .
la escalera empinada
una mañana de agosto,
fue un sórdido sargento
devoto de intolerantes
quien arrastro ocho almas
por peldaños de madera
ni tiempo tuvo la niña
de recoger el cuaderno,
los dividieron en grupos
jóvenes y mayores,
luego marcharon al gólgota
con la fe de sus memorias

moviendo de lado a lado
su frágil mano tendida
se alejó de sus padres
con el mentón hacia arriba,
la sonrisa recta. . .
un adiós prolongado
para evadirse de Auschwitz

Peter van Pels, ya débil
se alivió entre dos infiernos. . .

ella, niña adolescente
aún más transgresora,
volvió porfiada a burlarse
impertérrita en Bergen Belsen
al decidir con su hermana
no oponer resistencias
a la fiebre tifoidea

algunos dicen febrero
otros hablan de marzo
cuando sus ojos enormes. . .
lentamente observaron
un prado, de aguas y luces